Serendipia

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El escritor Isaac Asimov popularizó una observación de Louis Pasteur: “En el campo de la investigación, el azar no favorece más que a los espíritus preparados”.

Con inusitada frecuencia en la historia, la casualidad ha conducido a grandes hallazgos: “A veces uno encuentra lo que no está buscando. Cuando me desperté justo después del amanecer del 28 de septiembre de 1928, desde luego no planeaba revolucionar todos los medicamentos al descubrir el primer antibiótico del mundo, o el asesino de bacterias. Pero supongo que eso fue exactamente lo que hice”, dijo el papá de la penicilina, Alexander Fleming, nobel de Medicina en 1945. Basado en Los tres príncipes de Serendip, un antiguo relato de viajes, en el siglo XVIII el escritor británico Horace Walpole acuñó el término “serendipity” (serendipia) para designar los hallazgos inesperados y a la vez afortunados. En 1955, el microbiólogo italiano Salvador Luria, nobel de Medicina en 1969, resucitó la palabra: “El descubrimiento depende a menudo del azar o, más bien, de lo que se ha llamado serendipia”.

En el libro Serendipia: ensayos sobre ciencia, medicina y otros sueños, el académico mexicano Ruy Pérez Tamayo explica que la serendipia está más cercana a la capacidad de extraer conclusiones científicas de hechos casuales que a una simple coincidencia afortunada. La diferencia entre “serendipia” y “chiripa” (la “chepa” paisa) radica en que la primera requiere pericia para establecer conexiones lejanas, razonamiento analógico y asociaciones remotas; la segunda, solo suerte.

¿Cuántas serendipias arroja Google por segundo?

Algunos consideran el amor como una forma de serendipia, otros hablan de las serendipias históricas, como el “fallido viaje” de Colón a las Indias, pero poco se reflexiona sobre la serendipia en el periodismo. En New York: A Serendipiter’s Journey, Gay Talese pareciera definir la serendipia como un atributo exclusivo del ojo del cronista. En The New York Times, la columnista Pagan Kennedy la asocia con un hilo de recolección (“gathering string”): aquellos asuntos que guardamos en la carpeta, pero que no sabemos bien a dónde nos pueden llevar.

Buscar. Preguntar. Aprender. Observar. Recapitular. Asociar. Encontrar.

Serendipia: días antes de su retiro de la Corte Suprema de Justicia, el entonces magistrado José Luis Barceló explicó las circunstancias en que resultó interceptado el celular de Álvaro Uribe. En la investigación de un caso de corrupción, se ordenó intervenir el teléfono del representante Nilton Córdoba Manyoma; la interceptación de las comunicaciones del expresidente “obedeció a un hallazgo imprevisto e inevitable”. El resto estamos por saberlo…

Serendipia: dos cuentas de redes sociales (Instagram y Snapchat) publicaron fotos de un par de adolescentes que, en plena pandemia, viajaron a una isla caribeña. Centenares de seguidores solo buscaban distraerse un rato en redes. Bastó con cotejar fechas, comparar imágenes de hoteles de una cadena específica con las fotos publicadas, registrar los cambios en la ubicación de una foto (primero San Andrés, luego Girardot). El resto nunca lo sabremos…

Serendipia: un grupo de investigación periodística especializado en crimen organizado buscó los nexos comerciales de Guillermo León Acevedo Giraldo, alias Memo Fantasma, un narcotraficante invisible, y en el camino encontró su vínculo con Álvaro Rincón, esposo de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. El resto pronto lo sabremos…

Tanto azar no le permite a Colombia preparar su espíritu.

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