Sexualidad sin misterios

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El salón está lleno. Al fondo una luz tenue ilumina a una profesora joven y delicada. Las asistentes entran una a una, con sigilo. Tal vez es la intención de no ser vistas o reconocidas. Es Medellín, aún hay cierta vergüenza para hablar de estos temas y todavía interesa el qué dirán. El curso de sexo empieza y la profesora habla claro, da recomendaciones, responde preguntas, revela una historia personal y sostiene un bombón verde fluorescente para explicar con certeza y sobriedad algunos ejercicios. Dos horas más tarde, el evento termina y el silencio se ha ido: las mujeres agradecen, intercambian números de celular y compran algunos artículos. Todo sucede en Pink Secret, un lugar donde, dicen, se vive la “sexualidad sin misterios”.

Meses después y ante el confinamiento impuesto por este virus puritano que impide tocar, el salón está vacío. Sin embargo, ha aumentado el número de interesados en sus talleres virtuales y productos. Otros llegan hasta la cuenta de Instagram para escuchar a la sexóloga Ana Giraldo, su creadora, hablar del cuerpo con certeza y espontaneidad. Lo sucedido aquí es similar a lo ocurrido en otros países. En España subieron las ventas de artículos sexuales en un 50 %, en Italia en un 60 % y en Canadá se duplicaron. Según los entrevistados en el exterior, la cercanía con la muerte y adversidad aumenta en muchos el deseo de sentirse vivo, sentir el cuerpo o soltar los tabúes.

La historia de Pink Secret comenzó en el 2009 cuando Ana Giraldo creó este lugar para ayudar a otros a vivir su sexualidad de la forma decidida. Su historia fue la de muchos: estudió en un colegio religioso, escuchó a otros sugerir ser una dama en la calle y buena en la cama (sin explicar exactamente cómo) y se movió en esa sociedad paisa estoica y conservadora que hablaba de contención o aplazar gustos y tan bien descrita por Pedro Adrián Zuluaga en su libro “Qué es ser antioqueño”.

Después de una década, esta sexóloga y alumna de la reconocida terapeuta Esther Perel considera que la mayoría de las personas desconocen su cuerpo, placer y deseo. Opina que la educación sexual es escasa, se enfoca en el silencio o la represión (qué hacer para evitar un embarazo) y se inspira en la pornografía y sus lugares comunes mientras deja afuera otras realidades. A esto se suma la existencia de una “filosofía falocentrista” donde el considerado protagonista de la anatomía masculina gobierna muchos aspectos de la vida e impone presiones en hombres y mujeres. Para ella, ese órgano es solo una “herramienta más” en el tema de la sexualidad y esto es uno de los aspectos que quiere enseñar. En sus cursos explica por qué el sexo es más que un tamaño determinado, una posición, una medida corporal o un final específico. También educa a las familias para liberarse de estereotipos copiados y pegados de generación en generación.

Para Ana Giraldo, la cuarentena y su futuro pueden ser una oportunidad de vivir otras experiencias con otros aunque no los veamos. En esta cultura latina que glorifica el tamaño y la apariencia, admira el macho alfa capaz de tener muchas opciones al tiempo mientras mira con recelo a las mujeres con ideas o iniciativas distintas, las ideas de Ana Giraldo son otra definición de libertad.

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