Por: Iván Mejía Álvarez

¿‘Show’ o justicia?

Dice la Biblia que cuando Dios quiso castigar al hombre le mandó una dosis de soberbia y allí fue la perdición. La soberbia lo llevó a todos los demás pecados.

En el caso del técnico de Millonarios, Mario Vanemerak, la soberbia fue su perdición. Era un tipo luchador, que dirigía equipitos de colegios, intervenía en torneos de clubes, luchaba por sobrevivir y hasta llegó a tener muy malos momentos económicos como lo reconocen sus allegados. Y un día, gracias a su amistad con un ex presidente de Millonarios, de cuyo nombre es mejor ni acordarse, le llegó la oportunidad.

Y quien fuera en su primera semana de trabajo un técnico tranquilo, sabiendo que se había ganado la lotería y que tenía empleo, aprovechó el trabajo que había dejado Juan Carlos Osorio con los azules y consiguió un gran resultado contra Nacional en Medellín, pasó a la siguiente ronda de la Copa Suramericana y allí empezó a crecer el ego inflado que le acompaña. Se le salió ese argentino desbordado que lleva por dentro, y comenzaron a salir a flote sus peores condiciones.

Grosero, bocón, patán, energúmeno, con signos de graves problemas psíquicos que invitan a llevarlo urgentemente a un especialista para que mida esa agresividad y ese odio a todo el mundo, excepto por su “presidentico amado”, hasta que la película terminó como tenía que terminar: sancionado y con un pie fuera del fútbol, luego de que en estos ocho meses se hubiese peleado contra todos: amigos, enemigos, técnicos, jugadores, árbitros, directivos, periodistas, las paredes y los calentadores de los estadios.

La soberbia, el creerse el único dueño de la verdad, la moral, la ética, el vengador de todos los entuertos y el “defensor de mi presidente”, lo llevó a todo lo que se ha visto en los últimos meses, de escándalo tras escándalo.

Empero, y no sería nunca un defensor de oficio de un sujeto de esas condiciones que vive amenazando con “cagar a trompadas” a sus críticos, tengo algunas reflexiones sobre el fallo de la Comisión de Disciplina: sancionar al técnico sin llamarlo a descargos, puede ser conducta equivocada en lo jurídico y una clara violación del debido proceso. La Comisión, en la que tienen asiento distinguidos juristas, reiteró su amor por la “justicia show”, como ya lo había hecho en la sanción de Umaña y del América.

El alcance de la medida, privándolo de toda intervención deportiva o administrativa, no está claro y en un momento determinado el fallo puede ser tutelable, pues se le niega el acceso al derecho a trabajar, contemplado en la Constitución. Se supone que los “distinguidos juristas” estudiaron bien la determinación.

El tribunal hizo lo que los incompetentes e ineptos directivos de Millonarios, salvo el viceministro, Guillermo Reyes, quien ha sido durísimo crítico en la junta y públicamente de la violenta e inaceptable conducta del técnico azul, no han hecho. Les ahorró el problemita de sacarlo para los que parecen no tienen los suficientes testículos bien puestos. En privado hablan pestes de él y en público salen a defenderlo en una actitud falsa.

Claro, una junta directiva presidida por un tipo que públicamente ha admitido que es el patrocinador de la barra brava, no tiene autoridad moral para castigar a nadie. Una junta directiva en la que toman asiento personas acusadas de “hacer negocios en las contrataciones”, como denunció el mismo técnico, ahora encausado, carece de argumentos éticos.

Por todo eso y por todos ellos, Millonarios está como está…

 

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