Por: Daniel García-Peña

¡Sí al despeje!

GERMÁN VARGAS HA DICHO QUE EL Gobierno renuncia a los despejes y pide que queden explícitamente prohibidos en la ampliación de la vigencia de la Ley 418 de 1997, que le otorga herramientas al Ejecutivo para desarrollar procesos de paz.

El Ministro tiene razón en interpretar el profundo rechazo que existe en el país con la sola mención de “despeje”, que invoca de inmediato la frustrada experiencia del Caguán, que nació mal. En vez de haber sido fruto de un acuerdo previo, claro y escrito, entre las partes, en torno a objetivos, tiempos y mecanismos de verificación, el despeje fue un gesto unilateral improvisado por parte del gobierno de Pastrana. Aún más grave fue el abuso que las Farc le dieron, incumpliéndole sobre todo al país, que generosamente apoyó el despeje en sus inicios, bajo el entendido de que sería utilizado para buscar la paz y no para profundizar la guerra.

  El Cagúan, sin embargo, no ha sido el único despeje malogrado. El último en haber desmilitarizado una zona del territorio nacional fue Álvaro Uribe en Santa Fe de Ralito. Aunque nunca se utilizó el término “despeje”, sino “zona de ubicación”, hoy se sabe que no sirvió para ninguna paz y sí para ordenar envíos de droga, asesinatos y masacres.

 Pero ni el desastre de Santa Fe de Ralito ni el fracaso del Caguán fueron culpa del despeje como tal.  Al fin y al cabo, se trata de un instrumento, que de por sí, no es bueno o malo, sino que depende del uso que se le dé. Un martillo, por ejemplo, es de inmensa utilidad para clavar una puntilla, pero se convierte en arma mortal cuando es utilizado para golpear al vecino.

 La palabrota “despeje” es un invento de las Farc. El término ni siquiera existe en la ley, que más bien se refiere a “la localización y las modalidades de acción de la fuerza pública”.

Colombia también tiene ejemplos de “despejes buenos”. Los campamentos en Santo Domingo del M19, en Pueblo Nuevo del Epl y en Flor del Monto de la Crs, cumplieron papeles fundamentales en esos respectivos procesos de paz. La desmilitarización de una zona de Cartagena del Chairá en 1997, mediante un acuerdo, con términos y propósitos precisos y verificación internacional, permitió la entrega de 70 soldados e infantes de marina en poder de las Farc. En varias ocasiones, el propio Uribe suspendió acciones militares para facilitar la liberación unilateral de secuestrados por las Farc.

Incluso, si mañana se diera el caso hipotético de que la guerrilla aceptara las condiciones del Gobierno de entregar a todos los secuestrados o desvincular a los niños de sus filas, estas facultades serían necesarias.

Abolir los despejes tiene otro efecto colateral: al cerrar la puerta a encuentros en territorio nacional, sólo quedan habilitados diálogos en el exterior.

Ante lo complejo e impredecible que resulta cualquier proceso de paz, es mejor que el Gobierno lleve en su haber el mayor número de herramientas. Una cosa es que decida no utilizar la del despeje en las condiciones actuales, cosa con la cual estoy totalmente de acuerdo. Otra muy diferente es que la descarte de antemano, pudiéndole ser muy útil más adelante.

 

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