Balance de la primera semana de cuarentena en Bogotá

hace 4 horas
Por: Cartas de los lectores

Sí es diferente

Quisiera referirme al artículo “Colombia: ¿esta vez es diferente?”, del profesor James Robinson, publicado en El Espectador.

En los momentos en que se publicaba ese artículo, se cumplían 25 años de la masacre de Pueblo Bello, ejecutada por los Tangueros, el ejército privado del clan Castaño y quienes derivaron su nombre de la finca Las Tangas.

Las Tangas, despojada a sus originales dueños, fue escenario de innumerables actos de barbarie. Tiempo después fue donada por los Castaño a campesinos de la zona con el fin de generar base social para su ejército y posteriormente despojada de nuevo con intimidación, desplazamiento forzado y asesinato.
Hace unas semanas, muy cerca del aniversario de la masacre de Pueblo Bello, el Gobierno Nacional restituyó los derechos de propiedad sobre Las Tangas a los descendientes de los dueños originales. El simbolismo del acto es enorme: el Estado recuperaba lo que alguna vez fue el fortín del paramilitarismo. En pocas palabras, se hacía justicia.

Y es sobre la justicia sobre lo que quisiera hablar. Porque no puede haber desarrollo sin justicia. No creo que pueda consolidarse el desarrollo sin justicia social para las víctimas del campo colombiano.

El proceso de transición que vive actualmente el país es en esencia un proceso de democratización. Es un proceso en el que se procura institucionalizar principios democráticos que sustenten de manera estable el andamiaje de un nuevo país. El derecho a la justicia es uno de esos pilares: uno esencial.

Contrariando uno de los argumentos centrales de Robinson, la restitución de tierras es la mejor prueba de que las transformaciones que necesita el país sí son posibles. Con la voluntad política se cierra el espacio para el clientelismo y la corrupción, elementos que bien señala como los más fuertes obstáculos para el logro de los objetivos.

Hoy, como consecuencia de la implementación de la política de restitución, es un juez de la República el que decide sobre los derechos de propiedad en el campo colombiano y no el capricho arbitrario de quien se siente fuerte por empuñar un arma. Al tiempo, más de 12.000 personas poseen de nuevo las tierras que les fueron arrebatadas. En el marco de este proceso de transición, el país está hoy ante la oportunidad de establecer los principios fundamentales para su existencia hacia el futuro. En este proceso, la moral debe jugar un papel protagónico y por ello desde la Unidad de Restitución de Tierras creemos que la justicia producirá mejores réditos.

No será la opción más sencilla, pero sí creo que es la más responsable. Así que, profesor Robinson: desarrollo sí, ¡pero desarrollo con derechos!

Ricardo Sabogal. Director,
Unidad de Restitución de Tierras.
Envíe sus cartas a [email protected]

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