Por: Pablo Felipe Robledo

Si a Duque se le acabó la “luna de miel”, imagínense lo que viene

Es claro que, a un año de gobierno, no es un secreto y mucho menos una aventura de opinión decir que el joven presidente Iván Duque va mal. Desde hace muchos meses, varios columnistas de opinión venimos, insistentemente, formulando reparos a la manera en que Duque viene haciendo las cosas, desde la conformación de su gabinete hasta la increíble forma de perder el tiempo en lo que no es vital.

Gobernar con el espejo retrovisor no le ha dado resultado a Duque, ni le dará. La gente está cansada de que los gobernantes le echen la culpa de sus propias ineptitudes a su antecesor pues, de un lado, genera polarización y, de otro, sus propios seguidores se divierten con ello tan solo un par de meses. Después, para todos, es prueba irrefutable de ingobernabilidad y de incapacidad, incluso de inmadurez.

Tampoco le ha dado resultado a Duque aferrarse al discurso fanático y extremista del uribismo para encarnizarse contra el proceso de paz, cuando la mayoría de los colombianos, hoy, ni siquiera respaldan la idea de conspirar contra el Acuerdo, por la elemental razón de que cualquier ciudadano desinteresado y con dos dedos de frente entiende que esa carta ya se jugó y que bien, regular o mal negociada, la paz es un pacto de Estado, no de Gobierno. La historia adjudicará responsabilidades, pero no hay camino distinto al de cumplir la palabra empeñada y la letra firmada.

Tampoco le ha salido bien a Duque incumplirle sistemáticamente al país, con sus reiteradas y públicas supuestas intenciones, de campaña y de gobierno, de liderar un proceso para combatir la corrupción. Resulta increíble, por decir lo menos, que un presidente al menos joven, que debería encarnar como ninguno el cambio, se haya desentendido de la forma en que lo ha hecho de liderar, de una vez por todas en este país, una lucha frontal y sin cuartel contra la corrupción.

Realmente no sé en qué país vive Duque (y no me refiero a su récord de viajes al extranjero). La lectura que les da a los acontecimientos políticos y a los sondeos sobre las preocupaciones de los ciudadanos es realmente errada. Todos sabemos que el tema que más interesa y preocupa a la sociedad es la corrupción. Salieron a votar casi 12 millones de colombianos por unas iniciativas, malas, regulares o buenas, contra la corrupción; Duque hizo un espectáculo sin precedentes en la Casa de Nariño para un supuesto pacto anticorrupción (al que invitó, incluso, a políticos bastante controvertidos) y al final no pasó nada de nada.

El Gobierno de Duque fue incapaz, por falta de liderazgo y, claro, de ganas, de sacar adelante cualquier iniciativa importante contra la corrupción. Ni un estatuto anticorrupción, ni una norma aislada que permita creer que se tiene una nueva herramienta efectiva para combatirla.

Vuelvo y lo digo: a Duque no se le pasó un año de gobierno sin hacer nada, se le pasó “el año en que se gobierna”. La historia cuenta que cada día que pasa no es un día más de gobierno, sino un día menos y más difícil. Es decir, a Duque se le pasó la “luna de miel” sin hacer nada transformador; imagínense lo que viene. Pocas esperanzas.

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2019-07-02T14:47:47-05:00

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