Por: Fernando Araújo Vélez
El caminante

Si escribo

Si escribo, en esencia es para contar mi historia, aunque la llene de matices y me pinte a veces como no soy, como no fui, y le añada a un simple hecho algunos colores, y a esos colores, drama. Si escribo es para dejar un testimonio de lo que viví, pensé y sentí, para encontrar y dejar plasmadas las razones por las que hice esto o aquello, los motivos para haberle robado unos pesos a una amiga, y para haber sido su silencioso cómplice después, cuando se metía a la oficina del rector de la escuela para cambiar sus notas. Si escribo es porque hace rato comprendí que lo que queda de los hechos son las versiones.

Si escribo es para ir lanzando cuchillos, creyendo, mientras garabateo letras y palabras, que esos cuchillos removerán a alguien, lo sacudirán, le abrirán heridas, y por un segundo, se detendrá y desnudará. Si escribo es porque estoy convencido de que las palabras son pólvora, y mientras escribo, huelo a pólvora, creo situaciones y personajes, amo a quien decido, me vengo de quien quiero y dibujo el mundo como me gustaría. Si escribo es para jugar a la superstición de que lo que está escrito es la verdad, aunque luego tenga que cambiar una y mil veces lo escrito, y por supuesto, la verdad.

Si escribo es para encontrarle algo de sentido a la vida, aunque escribiendo descubra hasta la saciedad que no tiene mucho sentido. Si escribo es para rumiar mis penas, y de tanto rumiarlas, expulsarlas, pisotearlas y acabar por olvidarlas. Si escribo es para hacer una obra, y que lo importante pase a ser la obra, no yo. Si escribo es para decir, para gritar, para tratar de entenderme un poco, para intentar entender a los otros, ese infierno, como decía Sartre, y verlos y percibirlos como personajes de una novela inconclusa, ni buenos ni malos ni mejores ni peores.

Si escribo es para eliminar, precisamente, lo mejor y lo peor, y tener una razón para levantarme cada mañana a cambiar un punto por una coma, o una coma por un punto, sin instrucciones, sin premios de por medio, sin recompensas. Si escribo es para descubrir y contar la historia que otros no quisieron contar, y para convencerme de que soy todo y nada, como todos. Uno más, uno menos, un número, este papel escrito y nada más.

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