Por: Patricia Lara Salive

Si Gilberto y Miguel hablaran…

Ahora que habrá Comisión de la Verdad para establecer qué ocurrió en estos cincuenta años de guerra; quién lanzó la primera piedra; quién le disparó a quien; qué crímenes cometió la guerrilla; a quiénes secuestró; a quiénes mató; quién financió y amparó a los paramilitares; quiénes efectuaron desapariciones forzadas; quiénes las ordenaron; en fin, quiénes son los responsables directos, los cómplices y los autores intelectuales de tanta barbarie, valdría la pena pensar en establecer una comisión de la verdad para el narcotráfico, si es que en realidad queremos que a partir de estas negociaciones de La Habana surja un nuevo país.

Es que además de aclarar quiénes han generado esta violencia, habría que descubrir quiénes han facilitado la corrupción; quiénes han sobornado y se han dejado sobornar; y quiénes han sido los cómplices de los capos de la droga, tanto en Colombia como en Estados Unidos, a todos los niveles: político, financiero, empresarial, bancario…
 
En ese sentido, la entrevista que le dio a El Espectador el domingo William Rodríguez Abadía, hijo del narcotraficante Miguel Rodríguez Orejuela y responsable de la dirección del Cartel de Cali mientras su padre y su tío Gilberto estaban presos en Colombia, es reveladora, no tanto por lo que dijo como por lo que no dijo.
 
William Rodríguez, quien negoció con la justicia norteamericana y hoy es un próspero empresario en Estados Unidos, repitió no solo las acusaciones contra el expresidente Samper y los miembros de su gobierno por lo que se conoció como el Proceso 8.000, es decir, la financiación de parte de su campaña presidencial con dineros del Cartel de Cali, sino que dijo cosas como estas:
 
“Ninguna organización criminal llega hasta donde llegamos sin la ayuda de una parte de la sociedad y del establecimiento”.
 
“Pasaron los grandes capos del narcotráfico… Pablo, los Rodríguez, pasó el norte del Valle, luego los paramilitares, pasó Comba con toda su gente y, si analizamos, en la política siguen los mismos o sus herederos, no pasa absolutamente nada, la justicia está en su bolsillo, son los que manejan el establecimiento y siempre se han excusado en las historias de los narcos para esconderse de sus responsabilidades”.
 
“Es más fácil echarle la culpa(…) al que tiene mala imagen, que aceptar responsabilidades históricas”.
 
“Mi padre (…) es un hombre que cree en el silencio (…), leal,(…) no habla de nadie. Y para mí esa postura nos ha traído muchos más perjuicios, pues nos volvimos cómplices de los corruptos y hemos ayudado a que Colombia sea lo que es hoy: un país que está carcomido por una anaconda muy grande que es la corrupción”.
 
Sí, William Rodríguez tiene razón. ¡Pero él tampoco lo ha dicho todo!
 
Indudablemente, Gilberto y Miguel Rodríguez han debido hablar. Cuando se decía que existían cientos de cheques girados por ellos a los más encumbrados políticos de TODOS los partidos, yo les escribí una carta que publiqué a comienzos de 1996 en la revista Cambio16 Colombia. En ella los invitaba a que hablaran, a que revelaran los nombres de los políticos destinatarios de sus cheques; a que contaran quiénes concurrían a sus fiestas; quiénes parrandeaban con ellos; qué banqueros se beneficiaban con sus depósitos; quiénes les lavaban el dinero; quiénes eran sus testaferros, sus representantes, sus socios y los miembros de las juntas directivas de sus empresas.
 
Sólo así, revelando todas las verdades ocultas tras todas las violencias, en Colombia, como dice el himno nacional, habría cesado la horrible noche.
 
Sí, solo entonces eliminaríamos la doble moral y podríamos empezar a ser un país distinto…
 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Patricia Lara Salive

Prefiero a Petro

Iván Duque, ¿su padre hizo esto?

El voto en blanco: ¿bobada o cobardía?

¡Agradézcale a la JEP, señor fiscal!

Por qué votar por Fajardo (II)