Por: Daniel García-Peña

Sí hay conflicto (entre Uribe y Santos)

TARDE O TEMPRANO TENÍA QUE PAsar. Pese a las pullas que iban e indirectazos que venían, tanto Uribe como Santos habían logrado hasta ahora evitar enfrentarse. Pero cuando el presidente, con toda naturaleza y contundencia, afirma que en Colombia sí hay un conflicto armado y que lo hay desde hace mucho tiempo, Uribe lo siente como un puñetazo directo a la mandíbula.

Uribe y los uribistas acuden al falso argumento de que reconocer la existencia del conflicto equivale a darle estatus de beligerancia a la guerrilla, que curiosamente es el mismo raciocinio de las Farc. Aun Eduardo Pizarro, otrora académico serio, confunde (como lo hacen las Farc) las cuatro condiciones que establece el Protocolo II para la existencia de un conflicto armado, con el otorgamiento de beligerancia. Nada que ver.

Por un lado el propio Protocolo es explícito en señalar que la aplicación del DIH no altera el estatus jurídico ni político de las partes. Pero por otro, el hipotético reconocimiento de beligerancia no tiene ninguna relación con el calificativo que utilice el mandatario de turno del país en conflicto, sino que depende exclusivamente de la disposición de otros países de conceder dicho reconocimiento.

Cuando Francia y México decidieron en los años setenta otorgarle reconocimiento a la entonces insurgencia sandinista, no fue porque Somoza hubiese dicho que existía un conflicto armado interno en Nicaragua. Nadie le ha preguntado a Gadafi cuál es su calificativo del conflicto libio para que la OTAN les esté dando a los rebeldes, sin decirlo, un tratamiento de facto de beligerancia. Por ello, la mejor manera de prevenir un hipotético reconocimiento de beligerancia de las guerrillas por parte de otros países, como Venezuela o Ecuador, es manteniendo cordiales y estrechas relaciones con ellos, como lo están haciendo con esmero Santos y su canciller.

Pero negarse a reconocer el conflicto sí tiene graves consecuencias, especialmente en el terreno interno. Envía un mensaje muy peligroso a la Fuerza Pública: si no hay conflicto, no aplica el DIH, y de ahí a los falsos positivos no hay sino un pasito.

La negación del conflicto tiene un innegable fondo ideológico, central para el cuerpo dogmático del uribismo. La ceguera doctrinaria fue tal que para José Obdulio ya no había desplazados sino “migrantes” y Fernando Londoño dejó de ver las matas de coca en el Putumayo. Todo con el objetivo fundamental de negar el carácter político de las guerrillas, cuyo efecto más claro es cerrar la posibilidad de una solución política a la guerra.

Por ello, la decisión del presidente Santos de reconocer la existencia de un conflicto armado interno en Colombia es coherente con su compromiso, el día de su posesión, de no arrojar al mar la llave de la salida negociada. Pero sobre todo, constituye un acto de sensatez elemental, propia de un estadista pensando en el bien del país, mientras Uribe se mantiene tercamente obsesionado con su cruzada ideológica. Como van las cosas, el gobierno tendrá que analizar la posibilidad de otorgarle el estatus de beligerancia al uribismo.

[email protected], twitter: @danigarciapena

 

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