Por: Lorenzo Madrigal

Si llega la guerra

En Venezuela está claro que Leopoldo López sacó a su familia del país en previsión de un estallido, que todos temen pueda ocurrir por la prolongación de las protestas sin solución y por la intemperancia del régimen instalado ya en franca dictadura.

Muy bien ha hecho el heroico líder venezolano al poner a salvo a su no menos heroica esposa y a sus dos, tres niños, que llegan a un mundo en que su padre se juega la vida y arruina la tranquilidad del hogar por la libertad de su Nación.

No se ve una solución allí. No quiero decir que la guerra lo sea, pero las crudas imágenes de los dos líderes libertarios asaltados, empujados y sacados a empellones de sus hogares, en la cobardía de la noche, son preludio o de una dominación tipo Stalin, tipo Hitler, o de una revolución cívico militar, muy parecida a la guerra civil. Lo presagió Carlos Andrés Pérez, cuando Chávez se hizo inamovible.

Entre nosotros, temerosos vecinos del posible enfrentamiento, la campaña electoral que comienza no será de guerra, pero sí de una peligrosa animadversión entre contrincantes políticos, como ya se ve en los debates “amistosos” de la televisión.

Los de “Semana en vivo”, que miro en su repetición de la noche y cuando lo comanda María Jimena, terminan con el tema político en ascuas, con gritos y uno que otro insulto, bullicio en que nadie escucha a nadie y al público, desde el hogar, le queda hacer una mueca de indiferencia, medio chistosa, y decir: estos se agarraron.

En una de las últimas noches, el concejal del Centro Democrático, Diego Molano, padeció la habitual encerrona, en desequilibrio total de opiniones, con tres panelistas en su contra, además de la directora, quien toma partido y no a favor del opositor, su invitado, y alguien más que sale a contradecirlo desde una ventanilla siniestra, por lo general con mala acústica.

Aquí el tema será el de la paz y la guerra, aunque algunos y algunas dicen que el debate electoral se basará en la corrupción, asunto que a mi juicio no interesa tanto al público elector. La gente ve cómo su dinero se le va a las arcas oficiales y de todas maneras lo lleva perdido. El interés público no es algo que nos caracterice. Sabe el votante que aquí todo se hace mal o “todo se lo roban”, pero en cambio el juego o la disputa política, eterno espectáculo, le llega más a la gente, según el sector o la tendencia, a veces ancestral.

Lo que no les será indiferente a los sufragantes del 2018 será la patética demostración que está haciendo el régimen venezolano, que motivará a no pocos para decidir su voto. ¡Memento Maduro!

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Es de pensar que Zapatero llamó a Maduro porque estaría haciendo quedar muy mal al complaciente negociador. Ledezma regresó a casa. También, a última hora, Leopoldo.

 

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