Por: Cristo García Tapia

Sí. Los están matando

Si el “exterminio de líderes sociales se concentra en aquellos lugares donde el acuerdo de paz prometió llevar al Estado después de años de olvido”, es claro que “el acuerdo de paz está perdiendo sus defensores más vehementes”. El Espectador, editorial, domingo 8 de julio de 2018.

Definir si es o no sistemático el asesinato de líderes sociales en Colombia, y la sola cantidad de cientos de tales registrada entre enero de 2016 y marzo de 2018 ratifica la infundada sistematicidad que piden el Gobierno, Ministerio de Defensa, Fiscalía, para proceder con las medidas perentorias y efectivas para cortar de un tajo, y para siempre, el exterminio de esos irremplazables colombianos promotores comunitarios de la democracia y de la paz no se compadece con la barbarie consumada día tras día.

Sí. Los están matando.

Y se han dado casos de a dos por día, según registran las macabras estadísticas oficiales, pero todavía cree el Estado que no es tiempo de detener el exterminio porque no son “sistemáticos” esos crímenes, o porque los califican sus agencias como “líos de faldas”, o porque “se lo buscaron” los líderes sociales acribillados por causa de su labor comunitaria, o porque algún pariente de la víctima perteneció al “clan del Golfo”, en fin, cualquier pretexto es válido para legitimar el exterminio.

Sí. Los están exterminando.

Y no solo es sistemático ese exterminio, es selectivo y es político, como que sobreviene con mayor intensidad en la coyuntura de un proceso electoral que retornó el poder a las facciones que se opusieron al proceso de paz y proclamaron, antes, en y a lo largo del mismo, “hacer trizas” los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado de más de medio siglo en Colombia, y de los cuales acuerdos ya apenas si va quedando el nombre.

Y, por supuesto, más víctimas, e iguales o parecidas condiciones, clima y territorios, para que sobrevenga de nuevo la confrontación que tantos dividendos políticos trae a los “señores de la guerra”, y a los colombianos desolación y ruinas; la eliminación física de quienes, en su calidad de voceros comunitarios, de luchadores de la paz, de líderes sociales, no profesen el credo de los vencedores y, en consecuencia, hay que volverlos cenizas en las piras avivadas por los inquisidores de la renovada fe de la intolerancia y la exclusión.

Sí. Los están matando, eliminando, aniquilando, volviendo ceniza, a los líderes sociales, sistemáticamente, cotidianamente, bárbaramente, colectivamente.

Y por razones políticas, como en su momento ocurrió con la UP, y con la Colombia Humana ya se inicia, exterminada hasta el último de sus simpatizantes por motivos e intereses políticos; por apostarle, igual que hoy, a una “alternativa electoral legítima”, producto de un sentimiento de paz que naufragó en la sangre de sus promotores; “por darles voz a los marginados” y sustancia a una democracia que no los quiere, excluye y elimina como parias.

Sí. Los están matando, pero, ¿quién y por orden de quién? ¿Del narcotráfico, las bacrim, las disidencias, clanes, o ejércitos privados de paramilitares?

Según el representante del alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU, existe una multiplicidad de autores que deben ser investigados. “Estoy pensando en Norte de Santander, Chocó, Cauca, Antioquia o Nariño, donde también parecen existir otras razones. En algunos casos, son opositores de proyectos agroindustriales o a la minería ilegal”, El Espectador, Colombia 2020, 8 de julio de 2018.

En tanto se prenden velas en Colombia y en diferentes ciudades del mundo en solidaridad con los cientos de líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en Colombia, a la vez que atender la Fiscalía esta pista de la ONU, debemos encender los colombianos todos, empezando por los presidentes Santos y Duque, encender digo, nuestras conciencias y la del mundo para apagar el exterminio de líderes sociales en Colombia.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

 

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