Por: Andreas Forer

“Si no es necesario hacer una ley, entonces no es necesario hacer ninguna ley”

En efecto, a mi me resulta una ley necesaria. Adquirida por 4.000 pesos e impresa en papel de reciclaje. Buen formato, así siempre la puedo llevar conmigo. Una buena inversión.

La “Ley de las victimas”“ era necesaria. Representa un momento histórico para Colombia - en ese sentido se encuentran, por lo menos, todos los comentarios que he leído y cuya opinión comparto. Sin embargo, me tomo la libertad de mostrar unos puntos críticos.

Volvemos a la cita del señor Montesquieu. Solo se debe hacer leyes, cuando son necesarias, y cuando se hacen, solo se debe regular lo necesario. Y luego, lo necesario debe ser claro e inequívoco. Esto último facilita que la gente, las victimas y la justicia la comprendan.

Esto no ha sucedido con la ley de víctimas. Los capítulos específicos de la Ley no son coherentes entre sí. Por ejemplo, no hay una parte general que contenga definiciones y una parte especial, que después especifique lo establecido en la general.

Así, el artículo 25 habla del “derecho a la reparación integral”, que tiene que ser adecuada, diferenciada, transformadora y efectiva (ver más en la columna del 11.11.2010 “¿Vamos más allá de la reparación integral?”); en tanto que la parte que hace referencia a los niños (articulo 182), habla de “Reparación integral”, que de hecho es lógico, porque los niños también son victimas. Pero allí no se repite que la reparación puede ser también transformadora, ni se refiere a la posibilidad de la reparación colectiva.

El artículo 24 se refiere al “derecho a la justicia” en cuanto es deber del Estado investigar y sancionar efectivamente las violaciones contempladas en el artículo 3°. Otra vez la parte de los niños es diferente: el artículo 186 alude al “Acceso a la Justicia”, y repite la obligación del Estado de investigar y sancionar a los autores y participes.

Entonces, ¿por qué se repite esto? y cuando se hace ¿por qué no en palabras iguales?. ¿Qué quiere decirnos el legislador con esto? Probablemente nada. Pero confusiones innecesarias deben ser evitadas, porque el espacio para interpretaciones se hace más grande y la ley más incomprensible.

Hay una parte de la ley que hace referencia a la participación de las victimas en el proceso. En realidad, este aspecto se puede encontrar en muchos otros lugares tanto de la Ley, como de otras normas nacionales. Es obvio que la repetición y la multiplicación de normas sobre el mismo asunto no facilita su manejo en la práctica.

La ley también contempla normas sobre la prueba en el caso de violencia sexual, que por lo demás son copy-paste de las de las reglas de la CPI. En el fondo, algo muy positivo, pero ¿qué hacen aquí en la ley de las victimas?

De otro lado, ¿por qué se repiten en diversas páginas sobrentendidos como que la Defensoría prestará la representación judicial de las victimas, o que los jueces tienen el deber de comunicar el inicio del proceso a la victima, o que las víctimas deben ser protegidas?

Todo esto ya está arreglado en leyes especiales. Sería un trabajo casi imposible tratar de descubrir, si con la “Ley de victimas” se ha agregado algo nuevo o sus disposiciones ya se encontraban en otras leyes. Esto seguramente dificultará su aplicación y dudo que sea  resuelto con los múltiples Decretos reglamentarios, que, como es de esperar, serán expedidos  en gran número.

Seguramente, hay razones por las cuales la ley es como es. Pero, justamente, no regula sólo lo necesario, de manera que obstaculiza la posibilidad de ver lo nuevo e importante: todas las víctimas tienen un derecho a la reparación y a una vida mejor.

Pd.: La ley de victimas tampoco nos cuenta su relación con la de Justicia y Paz que tiene su cumpleaños en dos días.

 

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