Por: Augusto Trujillo Muñoz

Si no es Santos ¿quién?

En la campaña presidencial francesa de 2002 los socialistas franceses votaron por Chirac para impedir el triunfo de Le Pen, que significaba un regreso en la historia.

 Hoy la Unión cristiano-demócrata alemana dialoga con la Socialdemocracia para la conformación de un nuevo gobierno. En España el PSOE y el PP adelantan acuerdos sobre la cuestión catalán. Para eso es la política. El gran acierto del presidente Juan Manuel Santos fue descubrir que la guerra en Colombia fracasó. Por lo mismo decidió apostarle a la política.

La prioridad del país, en este momento, es lograr la superación del conflicto armado. O se avanza resueltamente hacia la paz o se continúa en la vieja historia de confrontación que va para más de medio siglo. Frente a ese dilema los colombianos deben exigir una convergencia de los sectores políticos comprometidos con la necesidad de cambiar la cultura de enfrentamientos y hostilidades por la idea de los acuerdos sobre mínimos fundamentales.

Esa convergencia supone –un poco a la manera de la campaña francesa de 2002- respaldar al presidente Santos para darle continuidad del proceso, aunque se le critique en otros aspectos. Por ejemplo, en el mantenimiento de unas relaciones de tipo clientelar entre el gobierno y el Congreso; en la prolongación de la vieja costumbre de improvisar en materia de relaciones exteriores, puesta de manifiesto en el caso de Nicaragua; en algunas de sus tesis sobre la reforma a la administración de justicia o al régimen territorial.

El columnista Guillermo Pérez Flórez en su artículo de “El Nuevo Día” (XI/10/13) y la politóloga Claudia López en su carta a Navarro, Peñalosa, Mockus y Sudarsky (XI/11/13) sostienen que “primero, lo primero”. Y como dice Pérez, lo primero es el final del conflicto, porque la guerra se volvió funcional al statu quo. Así de simple.

Pérez insiste en la necesidad de que los sectores democráticos exploren la posibilidad de un acuerdo con Santos en torno a la paz, sobre la base de garantías a los movimientos sociales y del perfeccionamiento de la democracia. Eso supone abstenerse de lanzar candidato presidencial. López les recuerda a los Verdes que su prioridad con el país no es una candidatura presidencial sino la recuperación del Congreso. Razón no le falta.

¿Hay, acaso, motivos para no suscribir un pacto entre los colombianos comprometidos con la solución política al conflicto y el Estado social de derecho, liderado por el presidente Santos? ¿Es imposible consolidar un acuerdo por la paz, aplazando el trámite de los demás disensos? ¿Hay otro colombiano en mejores condiciones que el presidente Santos para conducir un proceso que nos garantice abrir el primer capítulo de una nueva historia?

En el pasado reciente se dijo que no podía cambiarse al general en la mitad de la batalla. Con la misma lógica, ahora se debe decir que no puede cambiarse el timonel antes de que se serenen las aguas o los vientos y se avizore el puerto seguro. La respuesta a los anteriores interrogantes es rotunda: Si no es Santos, ¿quién?

*Profesor universitario, @inefable1

 

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