Por: Catalina Ruiz-Navarro

Si no incomoda no es protesta

El 1° de septiembre de 2000, en Singapur se creó la Speakers Corner (Esquina de la Protesta), una esquina en el parque Hong Lim de no más de un metro cuadrado, en donde la gente se puede parar a dar discursos políticos o quejas ciudadanas (algo que no se permite en otro lugar del país). Sin embargo, para poder pararse a hablar en la esquina de la protesta toca inscribirse 30 días antes, solo se puede usar entre las 7 a.m. y 7 p.m., no se puede usar amplificación del sonido ni megáfonos y solo pueden usarla singapurenses o residentes permanentes. También está prohibido el uso de pancartas, videos, banderas, fotos o afiches. ¡Es la protesta perfecta porque no “entorpece la movilidad”, no incomoda a nadie, no estorba, a duras penas se escucha! Parece que eso es lo que queremos en Colombia.

El paro de estudiantes y profesores en Colombia lleva un poco más de un mes, pero no se ha podido llegar a un acuerdo porque el presidente Duque ha estado muy ocupado parchando con Maluma y Silvestre Dangond en la casa de Nariño. Eso sí, el viernes pasado, luego de las protestas que llenaron las calles de Bogotá, dijo que plata para educación no hay y menos los $500.000 millones que exigen los estudiantes, ese gasto a Duque le parece una “irresponsabilidad”.

Como Bogotá colapsó por las protestas, el alcalde, Enrique Peñalosa, dijo que “para futuros eventos vamos a ser más estrictos en definir y hacer cumplir los protocolos de rutas establecidas. Vamos a ser mucho más drásticos y contundentes, haciendo respetar el derecho de las personas a movilizarse”. Peñalosa lo dice porque no sabe que para garantizar el derecho a las personas a movilizarse lo que se necesita son vías despejadas, sin el Esmad, para que la gente pueda caminar. Pero es que Peñalosa no está hablando de las personas propiamente, él está hablando de garantizar el derecho de movilidad a los carros. ¡Que alguien le cuente que los carros no son sujetos de derecho! Peñalosa no está solo, durante las últimas semanas muchas personas se han quejado de que las vías en Bogotá colapsaron y muchas estaciones del destartalado Transmilenio tuvieron que cerrar. Sus vidas cotidianas se afectaron, llegaron dos horas tarde al trabajo y tuvieron otros trastornos en su vida personal. Esa queja lo que dice es que los intereses individuales de estas personas están por encima de la necesidad colectiva de la sociedad de colombiana de que se nos garantice, a todos, el derecho a la educación. Como somos así de egoístas y lo único que nos importa es no estar atrapados en un trancón, nuestra molestia personal justifica que a los estudiantes les manden el Esmad para pegarles, violentarlos, bombardearlos con gas lacrimógeno, los detengan y los calumnien, ¡no vaya a ser que la empleada doméstica llegue dos horas tarde a su trabajo explotador! Claro, nadie le va a decir a ella que sería más difícil explotarla si ella tuviera garantizado su derecho a la educación.

Porque ese es el problema de fondo: en Colombia, para tener una buena educación debes tener la plata para pagar un colegio y una universidad privada a precios exorbitantes que siguen aumentando (algo que le encanta a la clase alta del país, porque les garantiza que la movilidad social para las demás personas es herméticamente imposible) o ser un genio excepcional que se gane todas las becas posibles (aunque eso nada garantiza a la hora de conseguir trabajo, porque para eso lo clave es estar en la rosca). Pero la educación no es un lucro ni un logro, es un derecho fundamental que debería estar garantizado para todas las personas, incluso las que viven en los territorios más apartados de la Colombia profunda.

Para el Gobierno es más fácil que nadie proteste nunca para poder subir los impuestos y bajar la inversión social. Si los estudiantes no protestan, ¿qué incentivo tendría Duque para negociar? En Colombia llevamos muchos años de una eficiente estigmatización de la protesta social y por eso no hemos entendido que es una herramienta legítima que nos pertenece. La ciudadanía sale a las calles porque se han agotado todos los conductos regulares. Las protestas que no incomodan no son protestas. ¡Amor y fuerza para los estudiantes que hoy vuelven a marchar!

@Catalinapordios

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro

El coraje para ser mariposa

Gaviota

¿Volver a la guerra?

Rugeles reincidente

¿Qué hacemos con el escrache?