Por: Mario Morales

¡Sí podemos!

Envidio el optimismo de los economistas. Tienen esa perdida habilidad nacional de levantar cabeza y prometer ilusiones a pesar de la tozudez de los indicadores. No importa si deben recurrir a retorcijones lingüísticos, conjuros, insights o al análisis transaccional.

Mientras al minhacienda se le chispotea que sí hay crisis, aunque insiste en que estamos “preparados”, los analistas de Fedesarrollo, por ejemplo, en ejercicio del sagrado derecho a usar eufemismos, prefieren llamarla desaceleración; no importa que el crecimiento vaya a ser la mitad del trimestre pasado.

El ministro Echeverry, sin economizar retruécanos, habla de rendijas para graficar los preocupantes números de industria y agricultura. Y hasta controvierte al DANE que dice que cayó el comercio (¿debió decir fluctuación?), poniendo como ejemplo a almacenes de grandes superficies.

Al bajón de inversión nacional en el exterior algunos prefieren llamarlo pausa.

Extraña que el presidente Santos no haya empezado a hablar de desaceleración en vez de caída en sus encuestas de favorabilidad.

Se entiende; en esas denominaciones hay un poco de todo: cuidar el puesto, congraciarse con los jefes y hacerle el quite a la opinión pública, no vaya y se contagie de realismo como hace tres años.

Como diría Valdano del fútbol, ahora resulta que la economía es un estado de ánimo. Y antes que expertos necesitaremos motivadores para contrarrestar, por ejemplo, la incidencia de la sequía en lácteos y cárnicos. ¿Ya pensarían en chamanes?

No demora la convocatoria a apoyarlos; ya inició Banrepública con su disimulada invitación a gastar al bajar las tasas. No sobra la cruzada de dedos para que mengüe la crisis europea y unas indulgencias a Mateo y Pablo, santos de los economistas, para que repunte el petróleo. ¡Entre todos podemos!

@marioemorales

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