¿Sí saldremos mejor?

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Uno de los recursos retóricos para aliviar la incertidumbre que ha traído la pandemia a nuestras vidas es aquel que nos han repetido hasta el cansancio, según el cual de esta “vamos a salir mejor”, tanto personas como sociedades, una suerte de mantra de coach estrenando certificado, que vende la idea de que con una buena disposición mental y anímica se superan las tragedias. Pero, en realidad, ¿saldremos mejor de esta crisis?

Lo primero es señalar que, de darse este cambio, no se dará de manera automática ni será igual en todas las personas; por el simple paso del tiempo y por haber sobrevivido al virus no nos haremos mejores personas si no hemos hecho la reflexión de qué estaba fallando en nuestras vidas que la pandemia potenció o puso en evidencia. Una nueva mirada ante la vida, que reconozca nuestra fragilidad, la contingencia de nuestros proyectos y la dependencia para la supervivencia de variables que ni conocemos ni controlamos, es necesaria. Ese cambio será responsabilidad de cada quien, no solo para salir de este paréntesis vital, sino para enfrentar el mundo que se viene con escenarios que aún no hemos logrado dimensionar ni el impacto que causarán en nuestras vidas.

Los cambios sociales, políticos, económicos y culturales derivados de la primera crisis sanitaria de alcance global ya están sucediendo, pero los estamos procesando de manera lenta, reactiva y cortoplacista: cómo reabrir los mercados, cómo recuperar los empleos, cómo volver a las aulas, sin que estemos cambiando nada de lo que permitió el efecto devastador de la propagación del virus. Tenemos que empezar a hacernos las preguntas que los gobiernos insisten en eludir, en su acostumbrada condescendencia, incapaces de reconocer la gravedad de las crisis hasta cuando es demasiado tarde. Pasó con la crisis financiera global de 2008 y la crisis sanitaria de la llamada gripa porcina en 2009.

38 millones de contagios y más de un millón de muertes por el COVID-19 son una tragedia por donde se mire, a la cual es necesario sumar los estragos económicos, sociales y sicológicos que no podemos despachar con un “todo va a estar bien” para regresar a la burbuja de individualismo de las sociedades modernas.

Se ha dicho también que esta pandemia nos ha hecho tener conciencia sobre la necesidad de entender que la protección de la vida en el planeta debe ser una causa común. De ahora en adelante, la seguridad sanitaria y los efectos derivados de la crisis climática deberían estar en la primera línea de prioridades de los gobiernos y de los organismos internacionales, pero también la vulnerabilidad de millones de personas en todo el mundo, quienes han sufrido con mayor rigor los estragos de la pandemia. Será necesario empezar a hablar de una suerte de gobernanza de bienestar para enfrentar desafíos que desbordan la capacidad de respuesta de los Estados.

En Colombia ya bordeamos las 30.000 muertes y los estragos económicos afectarán al país por años, pero seguimos creyendo que se trata de una buena gestión porque en los primeros meses la velocidad de contagio se redujo con los confinamientos y el efecto se distribuyó en el tiempo. Se logró, sí, preparar mejor el sistema de salud y el número de pruebas, pero no parece haber una opción diferente de reabrir la economía a ver cómo nos va, sin una estrategia sostenida de rastreo y aislamiento selectivo que anunció el Ministerio de Salud desde el mes de junio. El número de reproducción efectiva viene aumentando en el mes de octubre, lo que indica que la pandemia en Colombia no está bajo control.

¿Estamos pensando los temas de la pandemia como son, en clave de salir más fortalecidos como sociedad? ¿Están las universidades generando nuevo saber o tratando de salvar el negocio? ¿Nos estamos preparando para hacernos cargo de una generación que saldrá un año de las aulas sin un plan complementario para impedir retrocesos en el aprendizaje? ¿Estamos pensando en reinventar los sistemas de protección social o seguimos por la vía fácil de darles plata a los hogares? ¿Qué hacer con un régimen político que en el contexto de la pandemia, y ante el retorno de las protestas sociales, optó por la deriva autoritaria? ¿Qué hacer si el Estado ya no nos cuida y con sus aparatos armados es incapaz de proteger a los líderes sociales, pero sí de disparar contra los jóvenes que lo desafían? ¿Nos estamos tomando en serio la disolución del frágil pacto social de la Constitución de 1991 ante una radicalización discursiva de la extrema derecha?

La pandemia nos puso ante una nueva realidad y no nos hemos querido dar cuenta.

@cuervoji

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