Por: Luis Carvajal Basto

Sí: sudando petróleo

El gobierno deberá emplearse a fondo para reducir el impacto de la caída en los precios del petróleo.

La decisión de la OPEP la semana anterior al  mantener sus exportaciones en 30 millones de barriles, complica el escenario para Colombia. El pasado 2 de noviembre advertíamos en esta columna sobre las implicaciones que tendría en nuestra economía la caída en el precio del petróleo y las expectativas por las medidas que adoptara la OPEP. Pues bien, desde entonces hasta ahora  el precio cayó desde  89 hasta 70 dólares el  pasado viernes.  Es decir, en un mes el precio ha caído en promedio un 18% sin perspectivas de mejora en el mediano plazo.

La situación que se observa es consecuencia de factores como el relativo estancamiento de la economía y la demanda China; el auto abastecimiento que han conseguido los Estados Unidos y el periodo aun recesivo que se vive en Europa y parte de Asia. El escenario se completa con la pasividad de países  exportadores como Arabia Saudita, que ahorraron durante la bonanza y tienen reservas suficientes para soportar un periodo más o menos largo de precios bajos.

Si el centro del asunto fuera  el aumento de la oferta norteamericana conseguida a través del fracking, su costo de producción, estimado en 50- 60 dólares, pudiera ser el piso de la caída en los precios. Para países como Venezuela, que se gastó los dólares de la bonanza, la cosa puede ser desastrosa; Para Colombia representa, cuando menos, una gran complicación.

Haciendo las cuentas de “la lechera”, una disminución de 35 dólares por barril, con una producción estimada de 1.000.000 de barriles día, representa 35 millones de dólares diarios; 1.050 al mes y 12.600 millones de dólares al año. Las empresas petroleras perdieron en la bolsa entre un 5% y un 10% en una semana, pero para el gobierno y para los colombianos las cosas pueden ser más complejas.

El primer factor a considerar es que con un declive de nuestras reservas, aproximadamente 2500 millones de barriles y 6 y medio años de la producción actual, los bajos precios desestimularán la exploración y descubrimiento de nuevos yacimientos. Las expectativas de la industria petrolera, bajos precios y limitadas reservas, no son las mejores.

Nuestro desempeño económico se ha sustentado en la última década en la producción y exportaciones de petróleo y vamos a sentir el golpe en los ingresos del Estado, que ya con el barril a 80 generó un ajuste tributario, pero también en el costo de las importaciones que resultarán de un dólar más costoso, por encima de $2.200, si nada cambia tanto. A través de las regalías el impacto también se notará en los presupuestos regionales, pero no será tan grande en los niveles de empleo, al menos por ahora.

A nivel del consumo, la nueva  situación cambiaria e incidirá en los precios de  alimentos, electrodomésticos, vehículos y demás bienes que se importan. De mantenerse la tendencia que se espera, al menos durante todo el 2015, se sentirá el impacto en el PIB y en la dinámica del mercado interno, siendo sus consecuencias fiscales  más fuertes en el presupuesto de 2016.Por lo pronto, la caída en los precios y la reducción en la producción petrolera se pudo observar en el PIB del segundo trimestre de 2014, 4.3%, un tercio por debajo del primero.

A estas alturas comenzaremos a preguntarnos a qué horas pusimos los huevos en el mismo canasto sin que los sucesivos ministros del ramo previeran un escenario como el que tenemos ahora. La réplica del gobierno debe ser muy fuerte, pero habría sido deseable un poco de anticipación. El gobierno, deberá emplearse a fondo sin  esperar que nuestra estructura productiva se pueda transformar de la noche a la mañana.

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2014-12-01T00:01:00-05:00

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