Por: Mario Morales

Sí, ya es hora

SÍ, YA ES HORA DE VOLVER A LAS CAlles. La marcha de este 20 de julio tiene tres imperativos categóricos y un sólo mensaje verdadero: el nuestro, como corresponde al ciudadano de a pie, marchar hasta el cansancio.

El de los violentos de todas las calañas, abolir de una vez por todas el delito atroz del secuestro. El de los desadaptados, no ponerle arandelas ideológicas o políticas. El mensaje del país entero, exigir la libertad de todos los secuestrados, ¡ya!

Sí, porque aún son, por lo menos, 2.800 los secuestrados en el país. Son, por lo menos, 400 los secuestros extorsivos de grupos subversivos. Son 25 los soldados y policías a quienes las Farc consideran canjeables. Sí, porque mientras uno de ellos no esté libre, es el país entero el que está encadenado.

Ya es hora de que superemos las diferencias de las marchas del 4 de febrero y el 6 de marzo, y de que entendamos por fin el poder simbólico de la calle y la presión real que comportan las movilizaciones sociales pacíficas.

No importa si Íngrid camina por las calles de París, o si Juanes y Shakira cantan desde el Viejo Continente. El coro de sus pasos y sus versos debe resonar hasta lo más profundo de la selva.

Ya es hora de que marchemos pensando que el país no soy sólo yo, somos todos, cabemos todos. Ya es hora de que por lo menos esta vez (a partir de esta vez) nos pongamos de acuerdo, y como dice el comercial, jalemos para el mismo lado.

El escenario no podía ser más propicio: los medios de comunicación se unieron para convocar; las organizaciones citantes dejaron de lado, por un momento, sus misiones específicas, los artistas se juntaron para el Gran Concierto Nacional, algunas parroquias aplazaron, por ocho días, las celebraciones por la fiesta de la Virgen del Carmen, y hasta los sindicatos y partidos de oposición anunciaron su apoyo. Ya era hora.

Sí. Ya es hora. La enseña del país en pie y a pie es simple y clara: con la esperanza del reencuentro, para celebrar la libertad y exigir el fin de la práctica del delito del secuestro, “¡libérenlos ya! Sin condiciones”.

Moraleja: ya es hora también de acallar los tambores de guerra diplomática. La llegada de un nuevo canciller abre la expectativa de que, acudiendo a la razón, se recompongan las relaciones con todos nuestros vecinos. Para romper con Nicaragua y Ecuador no se necesita carrera diplomática. Para lograr entendimientos  justos y dignos, sí. He ahí la tarea.

www.mariomorales.info

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Morales

Constructores de ruinas

El buen colombiano

De parte y parte

Han ido demasiado lejos

Miedo a lo diferente