¿Por qué se conmemora la Semana del Detenido Desaparecido?

hace 2 horas
Por: Jaime Arocha

Sidney Mintz (1922-2015)

Debido a una caída, el 27 de diciembre de 2015 murió el antropólogo norteamericano Sidney Mintz (http://nyti.ms/1PG6qNO).

Los interesados en la evolución de la memoria africana en las Américas, en la esclavización, en el Caribe, en las plantaciones de azúcar, en los campesinos, en la globalización temprana y en el vínculo entre comida e identidad nos reconocemos sus aprendices (http://bit.ly/1VBTScM).

Mi primer contacto con su obra fue “Cañamelar, la subcultura del proletariado de la plantación rural azucarera”, capítulo de La gente de Puerto Rico, libro que recoge los resultados de la investigación que dirigió Julian Steward a finales del los años 40 con sus estudiantes de Columbia Universisty. Examinaron cómo diversos niveles de complejidad sociocultural se integraban en el escenario globalizado de la isla caribe. Mintz demostró que en la base figuraban quienes en la canícula les echaban machete a cañaduzales infinitos, y alzaban las varas hacia los calderones del ingenio. En 1960, cuando era excepcional escribir historias de vida, con Taso dio a conocer las agonías de uno de aquellos corteros, y sus luchas como parte de ese proletariado.

Sin embargo, el título más asociado con esa figura paradigmática es Dulzura y poder (1985), sobre el papel del azúcar en la conformación del sistema global capitalista contemporáneo. Destaca la industria agrícola y química que crearon los árabes en el norte de África a lo largo del siglo XV. Partiendo de sus conocimientos de matemáticas e hidráulica, sintetizaron la primera droga de la humanidad y extendieron ese complejo agroindustrial por Andalucía, entre otras áreas del Mediterráneo. De ahí, los europeos lo pasarían al Caribe, desde donde, a lo largo del siglo XVIII, impactó la cotidianidad inglesa esposándose con el té o preservando frutas y carnes, que comenzaron a meterse entre tajadas de pan. Los sánduches liberarían a las mujeres de la cocina, quienes se incorporarían a textileras como las de Manchester. De fuente barata de energía, el azúcar pasó a adicción mundial, aferrada al sufrimiento de corteros, alceros, fogoneros y demás trabajadores esclavizados en plantaciones jamaiquinas, haitianas, cubanas o barbadenses.

Con Richard Price escribió un clásico que, en 2012, el CIESAS de México publicó en español: El origen de las culturas africano americanas. El original es de 1976, cuando Mintz pasó de la Universidad de Yale a la de Johns Hopkins donde persistió con su énfasis en la afroamericanística. Demuestra que en menos de una generación, quienes fueron capturados en África occidental con muy disímiles afiliaciones étnicas les dieron vida en las Américas y el Caribe a expresiones desconocidas en lo tecnológico, social, religioso y lingüístico. Semejante big bang evolutivo se debió tanto a los principios gramaticales africano occidentales sobre el deber ser de la naturaleza, las personas y los ancestros que la trata no les arrebató a cautivos y cautivas, así como a sus luchas por la libertad, dentro de la marginalidad social que imponía la esclavización. Esta perspectiva aún está por enriquecerse aproximando la minería del oro, y los cabildos que introdujeron los españoles en Cartagena, subvertidos en pro de la reintegración de congos, ararás, y otras gentes, cuya contribución a nuestra génesis cultural requiere mayor esclarecimiento.

* Grupo de Estudios Afrocolombianos. Universidad Nacional de Colombia

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