Por: Armando Montenegro

Siete protagonistas del año

Es difícil destacar algunos individuos que influyeran de manera especial, para bien o para mal, sobre la vida nacional en 2012. Sobresalieron, más bien, algunos fenómenos complejos que favorecieron o restringieron lo que quisieron y pudieron hacer los distintos dirigentes. Esos fenómenos son, en realidad, los protagonistas del año que termina.

El ascenso del fútbol colombiano. En 2012, por fin, brilló el fútbol colombiano. No sólo descollaron numerosos jugadores, como Falcao y James, sino que nos alegraron los triunfos de la selección Colombia de Pékerman. Del desastre del equipo de Bolillo, un personaje de telenovela mala, se pasó a uno que juega bien y mete goles. El país mantiene la esperanza de la clasificación al mundial de Brasil, un objetivo concreto para 2013.

La justicia: sin rumbo ni liderazgo. En este año se sintió, de manera nítida, el horrible caos de la justicia colombiana. Una reforma frustrada que puso en evidencia toda suerte de micos y marrullas entre los poderes públicos; se destaparon carruseles de pensiones y escándalos diversos y, al final, un paro indefinido que nadie entiende ni nadie negocia, que se va a prolongar hasta 2013.

Gobernantes enfermos. Como nunca antes, la fragilidad del cuerpo humano hizo que la política fuera especialmente impredecible. Chávez, Santos, Angelino y Petro, entre otros, comprobaron en carne propia cómo la salud impone límites al ejercicio del poder.

El proceso de paz. Por unas pocas semanas, los acercamientos con las Farc fueron protagonistas de la vida nacional. Pero esta vez los colombianos no esperan mucho de estas conversaciones. La cháchara y las mañas de los comandantes de la guerrilla, las mismas desde hace 30 años, han generalizado el escepticismo. De todas formas, un resultado positivo en este frente sería una agradable sorpresa en 2013.

Interbolsa. Su crisis le pone punto final a la parábola de un puñado de financistas, corredores y aventureros, una especie de clase social que todavía no ha hallado en nuestra literatura narradores como los de Wall Street y Bonfire of Vanities. Los elementos esenciales del drama, el ascenso, los escándalos, la caída y la humillación de los protagonistas, son los mismos de otras latitudes: la especulación, los movimientos audaces, la aventura insensata y el desastre inevitable, todo en medio de oficinas y fiestas de lujo, personajes de farándula y políticos de bolsillo. Al final, la quiebra, las revelaciones, las pérdidas y los procesos penales.

La diplomacia colombiana. Aunque las acciones del gobierno del presidente Santos tuvieron que mantenerse dentro del marco trazado por sus antecesores, el fallo de La Haya sobre el mar de San Andrés desnudó, una vez más, las falencias de la diplomacia colombiana, por décadas entregada a la improvisación, el amiguismo, la farándula y la politiquería.

Caos en Bogotá. Una ciudad anarquizada, con su tráfico paralizado, la polución en ascenso y la inseguridad creciente, termina el año con la amenaza de vivir en medio de montañas de basura. Después de un gobierno de rateros, llegó un nuevo alcalde que se siente perseguido, sin rumbo y sin ideas, con el ánimo de polarizar a las clases sociales y de buscar réditos políticos de corto plazo. Los crecientes problemas de la capital a la deriva pueden ser una de las mayores dolencias nacionales en 2013.

 

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