Por: Felipe Zuleta Lleras

Sigan improvisando

Es tal el tamaño de la improvisación del Gobierno frente al fenómeno del Niño (que los científicos del mundo habían pronosticado) que sólo hasta esta semana el Ejecutivo cayó en cuenta de que podríamos estar abocados a una de las peores sequías en la historia de la patria boba.

Eso no es raro, porque una de las características del Gobierno es precisamente la de esperar a que le estallen las crisis para reaccionar. Y no es únicamente frente a este caso que comentamos sino ante otras situaciones. Recientemente hemos visto varios asuntos que demuestran claramente la afirmación de que el Gobierno es buenísimo improvisando, porque sencillamente no las ve venir o ha alcanzado unos niveles de ineptitud impresionante.

El primer caso reciente fue el de las licencias de conducción, que puso a los ciudadanos frente a la pared generando un caos que, a la fecha, difícilmente se ha solucionado. Ni qué decir del lío que armaron con el servicio de transporte especial llamado Uber, que puso a los taxistas en estado de alerta, y que a la fecha tampoco ha sido solucionado, privando a la ciudadanía de la posibilidad de escoger entre los amarillos y los especiales. El Gobierno pretende meterse en campos en los que no debería hacerlo, como la competencia entre los servicios especiales y los taxistas, y no reacciona frente a asuntos en los que su presencia es indispensable.

Otra prueba de esto es lo que ha pasado con la voladura de los oleoductos por parte de la guerrilla. Resulta increíble que unas fuerzas militares con más de 400.000 hombres y toda la tecnología del mundo no sean capaces de cuidar los oleoductos del país. Colombia, se lo escuché personalmente al ministro de Defensa, tiene más de 90% de sus municipios en paz. Entonces, pregunto, ¿por qué no han sido capaces de vigilar los oleoductos? Por incapaces, pienso, porque no encuentro otra respuesta. Las fuerzas militares de Colombia son de lejos las mejor preparadas de América Latina y las que cuentan con la mejor tecnología. Eso al parecer no es suficiente. Y sólo cuando vemos el desastre y la magnitud de las voladuras, entonces el Gobierno reacciona. En este caso lo que falta es presidente, quien en vez de estar inaugurando eventos sociales debería estar al mando de sus fuerzas militares, exigiendo y trazando planes.

Y así todo; continúa en su apogeo la minería ilegal y sólo cuando hay una tragedia entonces el Gobierno se acuerda de este problema mayúsculo. Y por último traigo a colación lo que está pasando en el sector petrolero. Por cuenta de la indecisión del Gobierno frente a Pacific Rubiales y su tecnología Star, en la rueda de la agencia nacional de hidrocarburos de Cartagena, para la adjudicación de pozos de esta semana, se presentaron pocos extranjeros, pues creen que acá no tienen seguridad jurídica, la que sí les ofrece México, por ejemplo.

Sigan pues improvisando para que vean lo que nos va a pasar a todos, pues el país no se gobierna solo.

 

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