Por: Eduardo Sarmiento

Sigue cayendo la economía

Ante la falta de diagnóstico, las decisiones de política económica están fundamentadas en una criatura perfecta que no es parecida ni semejante a la radiografía del paciente.

Hace dos años sostuve que el elevado crecimiento no era sostenible y hace un año anuncié el arranque de la destorcida. En diciembre del año pasado el país no había entrado en razón. En la encuesta del Banco de la República a los principales centros de estudio, en ese mes, anticipaban un crecimiento promedio superior a 5% y algunos de ellos se precipitaron a atribuir el desplome de 8 a 4% del primer trimestre a la Semana Santa.

Las cifras disponibles del segundo trimestre revelan que la tendencia se mantiene. El índice de consumo de energía eléctrica evoluciona en forma similar y en mayo la producción industrial cayó 1,7% con respecto al mismo mes del año anterior. Lo cierto es que el ciudadano común, captado en la encuesta de Gallup, aparece más acertado que el grupo de expertos, al percibir y advertir en julio un rápido deterioro de la actividad productiva y el empleo.

¿Por qué se equivocan tanto los funcionarios y los economistas ortodoxos? En parte porque operan con concepciones fundamentadas en teorías que no corresponden a la realidad. En muchas oportunidades el Banco de la República sostuvo que la elevación de la tasa de interés garantizaba el cumplimiento de la meta de inflación y no alteraría la actividad productiva, pero los hechos revelan lo contrario.

Por su parte, el Ministerio de Hacienda y Planeación sostienen que la inversión extranjera se encarga de generar las divisas para contrarrestar los efectos de la revaluación sobre el sector productivo y el déficit en cuenta corriente. Hoy en día se está viendo que la revaluación es totalmente ruinosa para las actividades exportadoras y de sustitución de importaciones y que la entrada de ingresos por concepto de la inversión extranjera sale en cuantías mayores, como lo ilustra el desinfle de la Bolsa.

La verdad es que las predicciones del Gobierno y sus centros de estudios cercanos están basadas en teorías universales que no han sido confrontadas con el contexto real y corresponden más a los deseos de cómo quisieran que fuera el mundo. Dentro de una total ingenuidad, creyeron que la inversión extranjera y la organización del Banco de la República conducirían a un desarrollo tipo asiático, cuando se trataba de una burbuja inducida por la revaluación y sustentada por el aumento de la cotización de las acciones y la ampliación del crédito. Aún más grave, no advierten que el alza de la tasa de interés del Banco de la República y la crisis hipotecaria subprime rompió la burbuja.

Ante la falta de diagnóstico, las decisiones de política están fundamentadas en una criatura perfecta que no es parecida ni semejante a la radiografía del paciente. Así, en un mundo de revaluación, inflación desbordada y caída de la actividad económica, que no aparece en ningún libro de texto ni se entiende, se pretende manejar con las recetas de libro de texto.

Lo grave es que los desaciertos parroquiales tienen sustento en el exterior. En los círculos dominantes de opinión, los gurús proclaman que la situación de las economías emergentes en la actualidad es similar a la de los países desarrollados en la década del 70, la atribuyen a factores de origen monetario y proponen enfrentarla con tasas de interés, superávit fiscales y revaluación.

Lamentablemente, los pronunciamientos y actitudes oficiales más recientes no vislumbran una voluntad para aprender de la experiencia y avanzar en un diagnóstico realista. El Banco de la República, asediado en su organización de inflación objetivo y régimen cambiario flotante, está comprometido en mantener o elevar las tasas de interés y en un manejo de despilfarro de recursos para intervenir el tipo de cambio.

Por su parte, el Gobierno, presionado por la ortodoxia y los gremios, anuncia un recorte de $1,5 billones para el segundo semestre. Así, se configura la típica política macroeconómica contractiva donde la revaluación se acompaña de alzas de la tasa de interés y reducción del déficit fiscal.

En un total contrasentido, la crisis ocasionada por la ruptura de la burbuja especulativa se enfrenta con un severo choque monetario y fiscal. Así las cosas, el crecimiento caería a 3,5% en el presente año.

La crisis es el resultado de la burbuja del modelo de inversión extranjera combinado con la organización del Banco de la República. La ruptura de la burbuja resulta en un déficit en cuenta corriente que no tiene una contraparte en una ampliación del mercado interno. De ninguna manera se trata de una situación originada por la excesiva expansión monetaria, como sucedió en la década del 70.

La fórmula de aplicar una fuerte contracción monetaria resultaría peor que la enfermedad. La inflación no se modificaría considerablemente, la revaluación se profundizaría y el crecimiento económico continuaría cayendo hasta precipitarse en recesión. En su lugar, se propone modificar el modelo que causa la crisis en los términos señalados en las últimas columnas.

Hay que adoptar un régimen cambiario fijo, de tasas duales, y sustituir el criterio de inflación objetivo por otras formas de regulación de los precios.

 

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