Por: Diana Castro Benetti

Silencio

Una sociedad que no conoce el silencio tiene aturdidos los pensamientos. Es fatua y torpe en su capacidad de reflexión y acaba identificándose con el hablar por hablar. Idolatra la ridiculez y la tontería y le resulta más fácil el ruido, aunque magulle el ánimo o secuestre su libertad. Cuando no se permite un mínimo de quietud para pensar antes de maldecir y matar, lapida su propio horizonte y compra el pasaporte a la mediocridad. Difícil arte el del silencio en una sociedad de griterías compulsivas.

Darle espacio cotidiano al silencio no es renunciar al mundo, como tampoco es vestirse de dogmas ni de falsas distancias. Es permitir un intersticio que se convierta en pausa y destello, para impedir la paranoia de resolver cualquier afrenta con una bala al aire. Está lejos de ser el mutismo de las amenazas, el sigilo de los reclamos o el enigma de los dolores enconados.

Como una exploración personal, el silencio permite bajar el volumen de la cháchara mental y alejar el apuro por la palabra sin valor. Es honrarlo y dejar que una suave placidez se apropie de la mente ociosa, del corazón agitado y de los pasos erráticos. Es menguar la estridencia propia para percibir la respiración y escuchar el momento en el que se decide callar lo inútil. La práctica del silencio se parece mucho a un viaje en quietud voluntaria y gozosa, y es la experiencia de un camino interior que, en medio del bullicio, sacude la rabia y la pestilencia. Es el hallazgo de lo bello.

El silencio como refugio sincero es un camino vivo y creativo. Existe en el eco de un portón, en la protesta del viento, en el linaje de los mares, en la gentileza de un amor. Nunca el mismo, no puede ser absoluto ni habitar lejos. Es la vida de la mañana y la existencia radiante, la sencillez de la presencia y la magnificencia de la célula. Hay silencio al abrir los ojos y al cerrar la ventana; hay silencio en medio de la ciudad o al transitar la tarde; hay silencio en el poema, el árbol, el movimiento. Entre dos, el silencio abre la presencia y, entre muchos, insinúa el altruismo. Los vínculos ligeros brotan desde el silencio como las flores, las estrellas y la música.

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2018-12-23T21:00:00-05:00

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