Simplificación radical y ventanillas únicas

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Está claro que uno de los objetivos urgentes de política en el corto plazo es crear las condiciones para que surjan empleos de calidad y se multipliquen, como lo planteó el presidente ante el Congreso. Habrá que construir carreteras, estimular la inversión privada, fomentar la vivienda social y facilitar que los negocios crezcan. Pero en todo esto se interpone la absurda maraña normativa que hemos creado, donde en los últimos 20 años han salido más de 100.000 decretos, resoluciones, normas, directivas, etc., haciendo no solo que la posibilidad de que una norma entre en contradicción con otra sea casi una certeza, sino que se multiplique el poder discrecional del funcionario para interpretarlas, quien amparado en este maremágnum hace o define lo que le plazca. Eso facilita, de paso, que colectivos de abogados inescrupulosos capturen rentas a través de demandas al Estado, protegiendo “derechos” de colectividades muchas veces mal informadas o casi inexistentes, pero siempre sin ponderar el impacto que sus ejercicio tiene en los derechos de los demás y de la sociedad en general, y de paso incurriendo en grandes costos en tiempo y recursos. Se requieren años para que se expida una licencia de una vía, igual si se trata de un proyecto minero o de una inversión, entre muchos otros ejemplos. Esta maraña es simplemente alimento para chupópteros a cambio del bienestar general.

Nadie discute que el Estado tiene una obligación de regular y que existen una Constitución, leyes y sentencias de la Corte Constitucional que debemos cumplir. Pero en cada tema se puede distinguir cuál es el bien jurídico tutelado, aquello que sí o sí tenemos que cumplir para el bien de todos, sobrando la maleza normativa que adorna y complejiza cualquier proceso, creada por el conveniente mundo de los TAKERS. Si la hiperinflación normativa produjera progreso, Colombia sería hoy una potencia. Pero esto ha generado una complejidad que produce inequidad, pobreza y corrupción. Llegó la hora, como en los computadores con muchas aplicaciones abiertas, de RESETEAR TEMAS vía una SIMPLIFICACIÓN RADICAL. Proponemos, para comenzar, centrarnos en los siguientes: formalización de empresas, consulta previa, construcción de vías, trámites ambientales, laborales y catastrales e inversión de regalías. Proponemos hacerlo centrado en VENTANILLAS ÚNICAS. ¿Por qué? El hecho de desarrollar una ventanilla única enfrenta al Estado a su propia complejidad; le traslada la dificultad que ha descargado en el ciudadano; evidencia qué tramites se contradicen, cuáles son dobles; permite que la información que tiene sobre una persona o firma se cargue automáticamente al sistema y por tanto el ciudadano pueda verificar si está correcta; disminuye el poder discrecional del funcionario para exigir solamente lo que está reglado. Facilita el silencio positivo cuando el funcionario dilata “convenientemente” un trámite y visibiliza su responsabilidad personal cuando frena o bloquea una decisión; unifica visiones a nivel territorial; permite que se implementen herramientas tipo blockchain que minimizan la corrupción; facilita la intervención de los organismos de control, limita la discrecionalidad en los cobros, entre otras muchas bondades. Llego la hora de la SIMPLIFICACIóÓN RADICAL y las ventanillas únicas.

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