Conversatorio de Colombia 2020

hace 7 horas
Por: Rafael Orduz

Sin calidad en la educación no hay innovación

LA CAPACIDAD DE INNOVACIÓN, fuente de competitividad y de calidad de vida, se sustenta en múltiples factores. Inversiones privadas y públicas en investigación y desarrollo, uso de las tecnologías de la información, nivel y calidad de la educación, patentes, composición de sus exportaciones, entre otros. El determinante, sin duda, es la educación.

Los indicadores de la calidad de la educación, en todos sus tramos, no dejan bien parada a Colombia.

Colombia ha realizado notables esfuerzos en ampliar la cobertura educativa, al punto que 30% de la población se encuentra estudiando, bien en la básica y media (11,3 millones de alumnos), bien en la superior (1,7 millones). Sin embargo, la calidad de la educación deja mucho que desear.

En julio pasado, el Icfes dio a conocer los resultados de las pruebas Saber, aplicadas a estudiantes de 5º y 9º grados en lenguaje, matemáticas y ciencias. A modo de ejemplo, en matemáticas de quinto grado, el 44% de los alumnos se clasifica en la categoría de “insuficiente” (por debajo de la mínima aceptable) y 31% obtuvo la mínima. Se hubiera esperado que la mayoría estuviese ubicada en la categoría intermedia de “satisfactorio”, en la que sólo clasificó el 17%. En 9º, el 78% de los estudiantes recibió “insuficiente” o “mínimo”. Parecida distribución se encuentra en lenguaje y ciencias.

No extrañan, entonces, las dificultades de la mayor parte de las universidades y demás instituciones de educación superior en lidiar con la débil preparación de los estudiantes, incapaces, muchos de ellos, de redactar un texto o de cursar los cursos básicos de cálculo.

Sin embargo, en la educación superior tampoco escampa. Del total de profesores, menos del 4% cuenta con doctorado y sólo el 20% cuenta con magíster. Sólo el 31% de los profesores laboran de tiempo completo. El 56% son profesores de hora cátedra y 13% de medio tiempo. Aunque hay excepciones, la remuneración de la hora cátedra se ubica, en promedio, entre 15 mil y 40 mil pesos. Se supone que con ello el profesor cubre la hora de clase, la preparación, corrección de trabajos y atención a los estudiantes. Es frecuente que los profesores estén corriendo entre una y otra universidad, impuntuales a la fuerza, sin posibilidades de actualizarse.

Vista la calidad de las universidades en el contexto mundial, ninguna colombiana clasifica entre las mejores 500 en los “rankings” de Times Higher Education (en 2009 la U. de los Andes había pertenecido al grupo), de QS (Quacquarelli Symonds) ni de Cibermetría (Webometrics).

Lo anterior se complementa con el informe de competitividad del Foro Económico Mundial, de acuerdo con el cual, entre 133 países, la calidad de la educación primaria recibe el puesto 90. Entre los quince factores problemáticos para el desarrollo de los negocios figura la inadecuada preparación de la fuerza de trabajo.

Si el Gobierno le quiere apostar a la innovación, debe convocar una cruzada por la buena calidad de la educación en todos sus niveles.

 

 

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