Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Sin canales (políticos) para el agua

Era 1929 en Bogotá. Tras años de recibir un pésimo servicio de agua y con aguas marrones corriendo calle abajo, comenzaban las protestas.

Presionado por la prensa, el alcalde Luis Cuervo afirmó que el problema obedecía a una administración desordenada, pues la empresa era el botín de algunos de sus copartidarios. “No se puede ser al mismo tiempo administrador del acueducto, senador de la República, jefe del Partido Conservador y empresario de la candidatura Concha”, denunció.

Cuervo fue destituido y el gerente del acueducto ratificado. Treinta mil personas salieron a las calles, iniciando una enorme manifestación de protesta urbana. La ciudadanía, apoyada fuertemente por el Partido Liberal, gritaba: “Abajo la rosca municipal”. La policía intervino y un manifestante fue asesinado. El jefe de la Policía, el ministro de Obras Públicas, el gobernador y el gerente del acueducto fueron destituidos. Hay quienes afirman, incluso, que la protesta por el agua influyó en la caída de la hegemonía conservadora. El acueducto fue reorganizado y en poco tiempo mejoró considerablemente.

Es 2013 en Yopal. Hay movilizaciones diarias por falta de agua limpia y exceso de agua sucia. La protesta es tan cotidiana que no es noticia. El ministro Vargas repite que no es problema de recursos sino de mala administración local. “No digan que la culpa es del Gobierno porque siempre hemos estado dispuestos a colaborar... entonces, por favor, no más con esa historia”, repite, visiblemente hastiado. Se esbozan soluciones a largo plazo, el tema sale de la agenda. No hay un partido político que encauce el problema y lo mueva y lo remueva. No hay intermediación alguna entre la ira popular y el Estado.

 

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