Por: Rodrigo Lara

Sin Congreso no hay presidente

Este mes arranca el año de las campañas al Congreso de la República.

Serán unas elecciones de mucha trascendencia, dado que si Juan Manuel Santos es reelegido y la lista de Álvaro Uribe llega con fuerza al Congreso, en el próximo cuatrienio el poder de decisión política se trasladará del Ejecutivo al Legislativo.

La disputa entre Uribe y Santos por la conquista del Congreso ya se está haciendo sentir. Los congresistas reciben cortejos de ambos lados, lo que los pone en situación de fuerza ante el Ejecutivo. Esto anticipa una relación muy difícil entre el eventual próximo gobierno de Santos y el Congreso, que estará más pedigüeño que nunca.

La prioridad del uribismo es sentar las bases de una fuerte coalición parlamentaria que le sirva de plataforma a un candidato presidencial de sus entrañas. Sin embargo, es paradójico que Uribe teniéndolo todo (arraigo popular, grandes sumas de dinero y una lista muy prometedora) no haya podido conseguir un candidato fuerte, que se conecte con las bases y que ponga en peligro a Santos. Él no esconde su inclinación por Óscar Iván Zuluaga, pero no lo ve ganador.

Quizás la estrategia de Uribe consista en adormecer la desconfianza de Santos; saca al ruedo a unos candidatos que no le representan peligro electoral , pero que sí lo desgastan anticipando el inicio de la campaña presidencial. Más adelante, una vez haya organizado una base política fuerte, es posible que saque de la manga a un candidato sólido y carismático que rivalice con Santos.

Las recientes encuestas sobre la favorabilidad de Santos, cacareadas como pésimas por algunos analistas, no muestran a mi parecer una real desaprobación de su gestión ni una mala imagen; lo que indican es que Santos no enamora a la opinión pública, es decir, no conquista el corazón de la gente.

Que no enamore, no hace a Santos un mal presidente. Pero se puede ser un muy buen presidente como Mario Monti en Italia, y no obstante perder las elecciones frente a la izquierda unida y dos bufones como Berlusconi y Bepe Grillo, que divierten, despiertan pasiones y explotan los miedos y el descontento de la población.

El peor escenario para el uribismo sería una candidatura de Germán Vargas Lleras, al que muy bien saben que no pueden derrotar, ni con Naranjo ni con Angelino Garzón , ni con Sergio Fajardo (que no olvidemos fue alcalde de Medellín gracias a Uribe).

En todo caso, sin una base de granito en el Congreso, el uribismo no tiene ninguna opción seria para pensar en la presidencia. Algunos afirman que Uribe finalmente no se postulará al Congreso; yo pienso que él hará lo necesario para debilitar a Santos y lo imposible para evitar una presidencia de Vargas Lleras. En resumen, este mes arranca una muy interesante y definitoria conquista del Legislativo.

 

 

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