Por: Daniel Mera Villamizar

Sin economía política no hay pactos efectivos, presidente Duque

Aprender de lo bueno y lo malo del “Pacto por México” de Peña Nieto.

Una de las fallas de la tecnocracia gubernamental es que no está escuchando suficiente el foro público.

Oportunamente, hace meses, Eduardo Posada Carbó escribió varias columnas sobre con quiénes y acerca de qué hacer los pactos que propone el presidente Duque. También comentaron Carlos Caballero Argáez, Rudolf Hommes y otros.

El año pasado, Leopoldo Fergusson y Pablo Querubín publicaron el libro Economía política de la política económica. Y con todo eso, Planeación Nacional saca las 945 páginas de las Bases del Plan Nacional de Desarrollo (PND), sin un capítulo sobre el concepto, la lógica y el constructo de los pactos.

En las Bases del PND se habla de por lo menos 20 pactos (sectoriales, transversales, regionales), enmarcados en un “Pacto por Colombia”. El presidente Duque había dicho que este buscaría hacer varias grandes reformas, no muchas.

¿Cuál sería un referente para entender de qué estamos hablando? Hasta ahora, pareciera que hablamos de pactos sin restricciones políticas, sin negociación, sin distribución de costos y beneficios. O tal vez de pactos que no afectan el statu quo y por lo tanto tendrán “consenso”, pero esa no es la idea (el unanimismo).

Deberíamos mirar la experiencia de México, entre otras razones, para ver cómo no tener un López Obrador después de un “Pacto por Colombia”.

Peña Nieto (PRI) logró con el “Pacto por México” siete reformas constitucionales imposibles en 18 años, y 15 leyes importantes, sin tener la mayoría en el Congreso. En resumen de Carlos Elizondo Mayer-Sierra, “lo logró intercambiando una amplia agenda de reforma y apoyándose en una suerte de corrupción “legalizada” con la que consiguió imponer la disciplina en los partidos políticos”.

La corrupción fue más lejos que la mermelada de Santos, pues incluyó pagos extras directos del Tesoro Nacional a los congresistas por cada voto importante, y ese es el lado malo que claramente no es una opción para Duque, enhorabuena.

Antes del Pacto de Peña Nieto hubo tres “acuerdos nacionales” fallidos. Uno de Vicente Fox (2001), que firmó con ocho fuerzas políticas. Luego el “Pacto de Chapultepec” (2005), impulsado por Carlos Slim y firmado por “más de 550 personalidades, entre artistas, empresarios e intelectuales, a las que muy pronto se sumaron funcionarios, gobernadores y legisladores. Pero tampoco llegó a ningún lado”. Y el acuerdo de 2008, con la rúbrica de “todos los poderes, gobernadores de diferentes estados y líderes de partidos y sociales. Tampoco pasó nada”.

El pacto exitoso fue “el resultado de negociaciones políticas tras bambalinas” con la oposición, principalmente. “El objetivo central del gobierno era reformar las instituciones económicas. La oposición exigió a cambio la reforma electoral y el Sistema Nacional Anticorrupción. Los detalles de este intercambio se irían resolviendo hasta la redacción de las propuestas de reforma constitucional”. Es decir, no era una negociación de puestos ni contratos.

La lección para Colombia parece clara: los actores tienen preferencias e intereses heterogéneos, y el Gobierno debe negociar equilibrios con ellos. Lo primero que hizo Peña Nieto fue contar con su partido para las reformas, y luego acordar con el PAN y el PRD.

Hoy en Colombia algunas reformas habría que acordarlas con la oposición, como las modificaciones al Acuerdo con las Farc; y las demás, negociarlas en una coalición de gobierno mayoritaria en torno a una senda estructural caracterizada para el país.

En México la implementación de las reformas, y allá son sexenios, no llevó a los resultados esperados en crecimiento y bienestar por la corrupción y la incompetencia, pero aquí todavía es temprano para preocuparse por la implementación porque estamos en la fase de “por favor, metámosles economía política a los pactos”.

@DanielMeraV

 

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