Por: Reinaldo Spitaletta

Sin maricaditas pues

Es probable, aunque Homero no lo indique, que Patroclo y Aquiles hubieran sido amantes, lo que tampoco era raro entre los griegos antiguos, dedicados a pensar, a trabajar (los esclavos), a la guerra y a la vida sibarítica.

Amantes también parecen haber sido Enkidu y Gilgamesh, héroes del épico poema de los sumerios. Y en el Satiricón, tres homosexuales pasan por situaciones y aventuras inesperadas. Así que la mariconería es antiquísima y ya deberíamos estar curados de espantos.

Y aunque sobre el asunto se ha avanzado, y cada vez es menos la homofobia, todavía hay prejuicios a granel. Digo que ha habido cambios al respecto, porque cuando éramos pelados, a los que llamábamos “mariposos”, por su amaneramiento, y a los mariquitas, los pateábamos en la escuela, los discriminábamos, no los dejábamos estar en nuestras galladas. Qué horror. Hoy, un gay, hombre o mujer, puede pasar desapercibido y no tener ningún problema por su inclinación sexual.
Sin embargo, a algún grupo de investigación de la Sabana le dio por concluir que la homosexualidad es una enfermedad. Y aquí fue Troya (oh, furioso Aquiles).

Ante el exabrupto, que más que una arbitrariedad se convirtió en una estupidez, floreció el ingenio popular. Alguien preguntó que si el Plan Obligatorio de Salud cobijaría el tratamiento de dicha patología. Otro advirtió que se estaba sintiendo “muy gay” y que iría de inmediato al médico. No faltó quien dijera que la U de la Sabana no era una universidad de garaje, sino de “closet” y así hubo jueguitos verbales, como que los de allá, los sabaneros, no eran una godarria sino una “godorrea”.

Después, llegó la Corte y en su sapiencia profundísima declaró que las parejas homosexuales podrán adoptar niños si y solo si el que va a ser adoptado es hijo biológico de uno de los dos. O sea que el papá o la mamá pueden adoptar a su propio hijo o hija, y el pobre rey Salomón, que al parecer poco o nada tuvo que ver con la homosexualidad, que mujeres tuvo a mil, quedó como un pobre retrasado mental con el “salomónico” fallo de la Corte.

Pero volvamos con la ingeniosidad callejera. Y de red social. Abundaron palabras para referirse a ciertos homofóbicos. No faltó el que dijera que había que conseguirle cuanto antes un novio al procurador. Y otro al senador que sostiene que el de los homosexuales es “un amor excremental”. Y aquí, en este punto, varios recordaron que Colombia ha tenido presidentes de “dudosa” orientación sexual, pero que nunca salieron del closet. Hace muchos años, en el ya desaparecido café La Arteria, de Medellín, uno de los más célebres homosexuales que tuvo la ciudad, la Macuá, declaró que él había sido dos veces (en distintos cuatrienios presidenciales) “primera dama de Colombia”. Se aclara que para entonces no había reelección.

Tal vez a los mandatarios que no salieron del closet (o del nochero, como dice algún paisa ingenioso) les dio vergüenza parecerse a Augusto, Tiberio, Calígula, Nerón, Adriano o Heliogábalo, emperadorcitos que practicaron sin restricciones ni moralismos las relaciones homosexuales. Aunque, para continuar con los dicharachos populares, los de aquí solo eran vulgares maricas. A propósito, esta palabra ha perdido cartel, no solo porque ya se usa para todo (¡ay, marica!), porque sí, o porque no, sino porque un presidente (muy varón él) la degradó: “si lo veo, le voy a dar en la cara, marica”.

El cuento con tanto barullo por la mariconada, es que se nos ha desviado la atención por estos días en un país que sigue practicando el modelo económico neoliberal, con un mandatario que continúa vendiendo la nación, y que, como dijo un senador de izquierda, les está quitando a los pobres para darles a los ricos, a la inversa del legendario Robin Hood. Sin embargo, algún guasón pudo agregar: qué les va a quitar a los pobres, si en Colombia estos no tienen ni dónde caer muertos.

La orientación sexual no debe ser objeto de segregaciones. Tampoco de apologías. Pese al revuelo sobre la presunta investigación de la Universidad de la Sabana, la salida de un columnista de un diario conservador, la posición de la Corte frente a la adopción de parte de parejas gay, al pueblo colombiano (con homosexuales y heterosexuales) lo siguen clavando. Y sin vaselina, en contravía a lo que una vez dijo el procurador.

 

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