Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Sin norte y con rumbo perdido?

En el pasado artículo se hacía mención a que los países de América Latina no podrán competir en la nueva era de la economía del conocimiento, donde los productos de alta tecnología se cotizan mucho más en los mercados mundiales que las materias primas, o las manufacturas con poco valor agregado.

Dicho de otra forma, la educación es la clave del éxito.

Thomas L. Friedman y Michael Mandelbaum, en un excelente libro recién publicado, That Used to be Us (Farrar, Strauss and Giroux, 2011), hacen un descarnado análisis de la compleja situación de rezago en que se encuentra Estados Unidos respecto a una parte importante de los países del mundo. Para los autores, este rezago es especialmente notorio en el campo de la educación, en donde el sistema norteamericano no ha sabido, o no ha podido, adaptarse a los retos implícitos en un mundo cada día más globalizado e interdependiente.

Para Friedman y Mandelbaum, el mercado laboral se divide en tres segmentos principales:

— El primero es el trabajo no rutinario y altamente especializado, el cual por definición no puede ser reducido a un algoritmo que a su vez se programe a un computador, o a un robot; o se puede digitalizar y mandar a hacer (outsourcing) en el exterior. Estos trabajos implican, además de conocimientos analíticos, capacidades de razonar en abstracto, imaginación, creatividad y criterio. Generalmente los desempeñan ingenieros, programadores, arquitectos, diseñadores, agrónomos, académicos, científicos, artistas, y ejecutivos. La parte rutinaria, ya sea legal, médica, o de ingeniería, sí es sujeta a outsourcing.

— La segunda categoría incluye los trabajos que, requiriendo cierto tipo de habilidad, son en esencia rutinarios y repetitivos. En esta categoría pueden estar buena parte de los trabajos industriales, de oficina, de contabilidad, de laboratorios, de radiología. La revolución tecnológica y de información ha hecho que dichos trabajos migren hacia los lugares que producen o prestan el bien o el servicio a menor costo. (Friedman y Manadelbaum ponen como ejemplo el hecho que buena parte de los hospitales en EE.UU. mandan por la noche a través de fibra óptica las radiografías de sus pacientes a la India, donde los radiólogos en ese país hacen el diagnóstico y devuelven el resultado a la mañana siguiente).

— La tercera categoría se compone de aquellos empleos que sin requerir mayor especialización, no son rutinarios y por ende no sujetos a que se puedan trasladar fácilmente a India o China. Dentro de este campo están el empleo doméstico, los meseros, los asistentes en los consultorios, los obreros de construcción, los taxistas, los plomeros, los electricistas, los peluqueros, las vendedoras, y las enfermeras. Este tipo de trabajo siempre va a existir, pero es vulnerable y expuesto a los vaivenes de la economía.

De aceptar la clasificación de Friedman y Mandelbaum es más que evidente que toda nación que haya escogido integrarse en la era de la tecnología e información, necesariamente tiene que reformar su sistema educativo para colocar a su población en aquellas categorías que por definición es menos probable que desaparezcan de un momento a otro. Singapur, país excepcional, considera que el ministro de Educación tiene bastante mayor importancia que el de Economía, ya que en el primero recae el peso del futuro de toda la nación. En Colombia, me temo, en temas de educación seguimos sin norte y con rumbo perdido.

* * *

Apostilla: El pasado domingo hacía la siguiente pregunta: ¿Será que algún día se sabrá la verdad de quiénes dentro del Polo son los responsables de haber permitido que se enquistaran las mafias? Un agudo corresponsal me ha manifestando que no busque más: la respuesta es detrás del robledal.

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