Por: Nicolás Rodríguez

¿Sin palabras?

Así como el tiroteo en Denver, Colorado, no llevó a que el presidente Obama iniciara un debate sobre la adicción a las armas, lo ocurrido en días pasados en el Cauca tampoco fue aprovechado por Santos para hablar de la importancia de una alternativa a la guerra contra las drogas.

Desde que la ya histórica foto del soldado que llora fue publicada, de parte del Gobierno lo que ha primado es la sensación de tener que lidiar con un problema más que se agrega al de las Farc y todas aquellas zonas que desde las grandes ciudades (y no pocas salas de redacción) se asumen como salvajes e inhóspitas. Cuando no es que cómplices.

Hace unos años, de hecho, esos mismos indígenas que aparecen en la foto con la que Semana tituló “Sin palabras”, habrían sido fácilmente estigmatizados. El actual ministro de Defensa, si a eso vamos, intentó transitar el mismo camino, que como se sabe lleva a lugares parecidos a los que condujo la famosa foto. El proceder es el mismo: con la participación real de unos pocos incrimino al resto, de la misma forma que con el disparo involuntario de un flash congelo un momento que colonizará, hacia adelante y hacia atrás, todos los demás.

Por fortuna, pudo más el pacifismo (para la foto) de los militares y la (transitoria) buena voluntad del Gobierno. Por consiguiente, hay conversaciones con los indígenas. Pero eso no quiere decir que la actitud frente al Cauca profundo no siga siendo la misma de siempre: el Cauca, una vez más, recibe trato de margen, de marginal, como marginal es la historia indígena en Colombia y marginal es, también, nuestra historia colonial.

Quizás por ello valga recordar, con Reyes Mate, que el margen sabe lo que el centro olvida. Que incluso la foto, entonces, tiene sus márgenes: la muerte a bala de un indígena que no ocurre en ella. O mejor: que el margen (con los indígenas, las Farc y la droga), en realidad es el centro.

 

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