Por: Isabel Segovia

Sin pasión, pero hacia adelante

En pocos días Colombia tendrá un nuevo presidente electo. Aunque agotador, el momento electoral y su importancia para el futuro del país obliga a seguir opinando sobre los candidatos. La tentación a cambiar de tema es grande, pero, pudiendo todavía convencer a algunos pocos, sería irresponsable. En medio de la zozobra que sentimos, es importante recordar que la vida se construye tomando decisiones y que en la mayoría de los casos no son fáciles, ni claras: se toman, se asumen y se sigue caminando.

La que tomaré el próximo domingo no será una decisión apasionada; será calculada, fría y no me dejará emocionada, pero la asumiré con la tranquilidad de que, aunque el camino hacia el futuro me parece rocoso y accidentado, y hubiese preferido que fuera otro, la alternativa que representa el Centro Democrático y los demás partidos y caciques que lo acompañan no solo me parece un freno en el proceso de construcción de un país progresista, libre y equitativo, sino un claro retroceso.

Reconozco que Petro está lejos de ser el candidato ideal y no es el presidente que yo hubiera escogido para continuar este camino. Lo sufrí como bogotana, y su frecuente incapacidad para ver más allá de sí mismo no deja de preocuparme, pero su candidatura representa el futuro, mientras que la de su contrincante, el pasado. Caudillo, sí; mal administrador, también; soñador, sin duda; pero el país con el que Petro sueña se parece al país con el que yo sueño y, aunque estará lejos de convertirlo en realidad, en algo nos acercará.

Mi voto estaba decidido ya, pero la foto que se completó esta semana debería tranquilizar a los electores que, como yo, se quedaron sin candidato de centro. Más allá de diferencias personales, estilos y lenguajes, pensando en el bien común y habiéndose tragado uno que otro sapo, Antanas Mockus, Claudia López, Angélica Lozano, Íngrid Betancourt y Antonio Navarro Wolff decidieron acompañar a Petro. Todos representantes de la política colombiana, hechos a pulso, honestos y aguerridos. Ellos, que sí me representan, están con Petro.

No soy de izquierda, aunque no me dolería votar por un candidato de izquierda que me represente, y en condiciones donde la alternativa no fuera una derecha recalcitrante, discriminatoria y revanchista, dudo mucho que hubiera votado por Petro. Pero esto es lo que hay, es la elección que tenemos. Hoy más que nunca debemos decidir el camino que, aunque inesperado, nos dejará avanzar. Petro, ahora mejor acompañado, tendrá una institucionalidad con el poder de controlarlo; por lo tanto, sin augurarle grandes éxitos en su gestión, es la alternativa, la que, con poco entusiasmo y algún temor, representa mejor a los huérfanos del centro.

Colombianos: somos más capaces y más fuertes de lo que pensamos. Los que dicen que votarán por Duque para proteger su papita, olvidan quiénes lo rodean y lo que representan; se muestran inseguros y están enfrascados en un temor del pasado. Los que piensan votar en blanco, buscando una oposición fuerte, capaz de frenar cualquier acción antidemocrática del presidente, olvidan que si gana Duque no tendrá contrapesos institucionales que garanticen la separación de poderes, y que si gana Petro esa institucionalidad veedora ya existe y estará empoderada por nuestros votos. Seamos valientes y generosos, no debemos tenerle susto a una Colombia en paz, libre y más equitativa.

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