Por: Felipe Zuleta Lleras

Sin propósitos nacionales

Vamos llegando al final del año y el balance deja mucho qué desear. A pesar de que el presidente Duque ha sido bastante conciliador en estos cuatro meses de gobierno, no ha logrado que los colombianos dejen sus desenfrenadas y destructivas pasiones. Por el contrario, los ánimos se han caldeado entre nuestra mal llamada clase dirigente. Ratones en el Congreso a la bancada del Centro Democrático; Claudia López, descarriada, acusando irresponsablemente al ministro de Defensa de padecer una enfermedad que, según insinúa soterradamente, es alcoholismo; agua bendita a las curules, pastores cristianos orando en el Senado; Peñalosa diciendo que “con Transmilenio por la Séptima Bogotá se volverá la ciudad más avanzada del mundo en desarrollo, en movilidad, porque será la única en la que los ciudadanos de ingresos altos utilicen el transporte público”; el alcalde de Bucaramanga puteando a un concejal; el gobernador de Antioquia disparándole a Hidroituango; Petro recibiendo plata en efectivo en bolsas de plástico; los detractores del fiscal general acusándolo de la muerte de los señores Pizano; el procurador haciendo anuncios, pero mostrando pocos resultados, y así…

Desconsuela mucho ver el estado en el que está el país. Quienes pensábamos que con el acuerdo de paz con las Farc podríamos vivir en un mejor país nos equivocamos, porque pese a que siempre pensamos que esa guerrilla era el peor enemigo de la institucionalidad, ahora vemos que los actos hostiles vienen desde la misma clase dirigente. La paz, pensamos, se alcanzaba con los acuerdos de La Habana. Y resulta que no.

Hoy por hoy parece ser mucho más sensato Rodrigo Londoño (Timochenko) que, por ejemplo, Gustavo Petro o Claudia López.

El Congreso salió nuevamente a deberles a los colombianos. No fue competente para expedir las leyes que se necesitan, como el estatuto anticorrupción y la reforma a la justicia. La ley de financiamiento atenta en materia grave en contra de la clase media, mientras beneficia a los ricos. De la propuesta original presentada por el ministro Carrasquilla no quedó sino el nombre.

Desconsuela mucho saber que los colombianos no podemos tener un propósito común, como lo tienen los países que han dado el brinco, como Japón o Corea. Lo único que parece unirnos es el odio y las agresiones permanentes.

Ojalá esta época de Navidad y sosiego les sirva a todos nuestros líderes políticos para recapacitar sobre lo que están haciendo, pues de seguir las cosas como vienen, acabaremos por destruir la poca institucionalidad que nos queda. Y conveniente sería que se controlaran en sus redes sociales, pues, teniendo miles o millones de seguidores, lo mínimo que podrían hacer es mantener la compostura y no estimular la violencia.

Notícula. Tuve el privilegio de conocer al expresidente Belisario Betancur, no tanto como hubiera querido. Deja Betancur un ejemplo que ojalá siguieran los otros expresidentes que es no meterse más en asuntos públicos ni joder a sus sucesores. ¿Será posible?

 

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