Por: Ana María Cano Posada

Sin reversa

Para tener ímpetu y subir la cuesta cada día, se necesita doble carga de energía porque casi toda se desperdicia en el desbarrancadero por el que venimos precipitándonos con velocidad exponencial.

Pasa cuando a una niña de seis años la lanzan por un balcón a 45 metros del piso y la mujer implicada es una bibliotecaria, novia del papá, que es separado, y el episodio deja un vacío por dentro. Cómo no pensar en eso. O en el niño de nueve años que salió en Argelia, Cauca, a mirar un helicóptero que aterrizaba en la plaza y murió con el estallido de explosivos. Y de fondo el estropicio de las francachelas del mafioso muerto que se casa y lo cazan; el Songo le dio a Borondongo de los partidos bien repartidos; la venganza de Andrómeda gestada en El Nogal con fantasmas recargados; las elecciones espurias del Valle donde entró el diablo y escogió; la resurrección del bandido tomándose las noches saturadas de esta desvencijada nación desprovista de mitología fundacional.

Mucho se tiene que rebuscar asuntos alentadores: el descubrimiento de partículas desconocidas (bosón, que es una palabra más clara que Dios); el horizonte azul marino del verano en las montañas antes de oscurecer; la proximidad de Marte que lo hará visible en agosto; o, incluso, establecer el juego dentro de un lugar en internet llamado Pottermore, propiedad de la señora Rowling, creadora de Harry Potter. Acudir a la imaginación, con tal de darse un respiro entre los hechos que pesan como volqueta de piedras descargada sobre la espalda.

Apelo a la realidad local para encontrar asidero. Es en este caldo de cultivo donde nació y se ramificó el cartel de Medellín, en la ciudad donde primero actuaron los paramilitares por el secuestro de la hermana de uno de los narcotraficantes; aquí donde la usura y la ambición se han asentado; donde políticos de rancias procedencias han mantenido sus cepas; donde es investigado por detrimento patrimonial de $18.000 millones el anterior gobernador, pero él pasa de agache porque lo protege el procurador que es de su mismo Partido Conservador; aquí donde el anterior candidato a la Alcaldía, que pretendía repetir, usó alianzas con ilegales para disuadir de votar a los electores en los barrios bajo su control; aquí mismo, están gobernando sin embargo dos personas confiables. Ambos, Fajardo y Gaviria, estuvieron ya en el manejo de Antioquia y Medellín en posiciones inversas. Tiene Aníbal Gaviria la ventaja de haber encontrado a la ciudad tras ocho años de continuidad con orientación hacia la trasparencia y no hacia las componendas. Alonso Salazar retomó después de Fajardo el toro por los cuernos, encarando la violencia que hace su laboratorio aquí.

Pero es una lástima que ahora se desestabilice aquello que ha permitido un desarrollo social visible, a través de una estrategia llamada presupuesto participativo, con el que la ciudadanía incide en la escogencia de sus prioridades. Un concejal y un funcionario de la Alcaldía siembran desconfianza diciendo que los combos delincuenciales llegaron a establecer vacunas hasta del 15% para los proyectos. Por su parte, el anterior director técnico de este programa (que se ha vuelto símbolo de Medellín) dice que la nueva ruta trazada por la alcaldía Gaviria, en la que entrega a las juntas administradoras locales la decisión de inversión sobre $585.000 millones, va a introducir clientelismo en lo que antes era participación. Cómo impedir que se dé esa reversa en Medellín, donde ha brotado una esperanza. En medio de un momento histórico en que está en vía de extinción ese principio de confianza que es el que se ha resquebrajado con tal cadena de abusos que han hecho de lo anormal lo normal.

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