Por: Eduardo Barajas Sandoval

Síndrome de Pángalos

Siempre es bueno que alguien diga lo que el gobernante no quiere oír; lo extraño es que ese papel, que le corresponde a la oposición, pretenda cumplirlo, en público y con toda la pompa, el segundo de a bordo, que tendría la vocación, y la obligación, de reemplazar al jefe.

El fenómeno ocurre por lo general en sociedades ansiosas, con equipos de gobierno inventados para ganar elecciones y que no se pueden desbaratar fácilmente porque la desbandada sería peor. Con todo, resultaría mejor que las diferencias de apreciación de cualquier miembro de un gobierno se expresaran con toda libertad y amplitud en las discusiones internas, sin tener porqué agregarle nuevos elementos al folclor político de cada nación.

En medio de una crisis que tiene en ascuas a los ciudadanos, al obligarlos a correr en estampida hacia la pobreza, porque los han puesto a sufragar las deudas que gobiernos anteriores acumularon sin ninguna vergüenza, Theodoros Pángalos, Viceprimer Ministro del Gobierno Griego, resultó diciendo que los habitantes del país agotaron ya su capacidad para pagar los impuestos que su propio gobierno ha promovido, con un alto costo de popularidad, en el Parlamento. Para ilustrar su posición informó que él mismo no podría soportar la carga y tendría que comenzar a vender propiedades para cumplir con las nuevas obligaciones.

El comentario de Viceprimer Ministro causó sensación en amplios sectores ciudadanos, que se vieron representados por alguien de gran significación en la vida política del país. Como era de esperarse, no tuvo el mismo efecto en la casa de Gobierno, ni en la sede del Partido Socialista Panhelénico, que han tenido que librar tanto la batalla de convencer a los aliados europeos de lanzarles flotadores, como a los diputados de todo el país para que sacrifiquen su popularidad en las ciudades y regiones donde tienen su electorado. Justamente esa popularidad que tan fácil le queda a Pángalos conseguir a punta de criticar las políticas y acciones del gobierno del cual forma parte.

No ha sido la única vez que Pángalos se manifiesta en contravía de los esfuerzos del gobierno y de las posiciones oficiales hacia las naciones madrinas y auxiliadoras de Grecia en medio de la debacle que al país le ha tocado vivir. En otra ocasión, por ejemplo, dijo que los alemanes no tenían derecho a criticar a la Grecia de hoy, siendo que hace unas décadas, en la Segunda Guerra Mundial, invadieron el país y se llevaron, además de otras riquezas, todo el oro del Banco Nacional.  Pero hay más: cuando el gobierno anunciaba oficialmente que la reestructuración de la deuda sería una catástrofe, Pángalos no tuvo inconveniente en afirmar que las deudas se hicieron para ser reestructuradas.

No se sabe qué piense en realidad el Primer Ministro Papandreou de la lengua suelta de su copiloto. Tampoco de lo que se hable al interior del gabinete. El tema, como suele suceder, no se tramita en público. Ni más faltaba. Lo único que se puede deducir es que, en medio de la tormenta, el precio de deshacerse de Pángalos sería muy alto porque implicaría armar de nuevo la ingeniería del gobierno. Aunque muchos piensan que a veces conviene mantener abiertas ciertas válvulas de escape que disminuyan la presión que puede llegar a acumular la maquinaria de los gobiernos.

De lo que sí pueden estar seguros en Grecia es de la trascendencia que las afirmaciones del segundo a bordo pueden tener en los campos más insospechados de la vida nacional. Porque, aunque no se den cuenta, o no lo quieran reconocer, los gobernantes ejercen una pedagogía de amplio espectro por el camino del ejemplo. Lo que hace pensar que no será raro ver, en otros niveles y en otros campos, comportamientos que reiteren el mismo síndrome, porque para muchos puede resultar confortable manifestarse en disidencia frente a los parámetros trazados por sus jefes, para ganar popularidad, al menos transitoria, en abandono de las obligaciones tradicionales de lealtad y discreción. Obligaciones que no contradicen la de advertir adecuadamente a los gobernantes sobre todo aquello en lo que no se está de acuerdo y se puede mejorar.

 

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