Por: Ricardo Bada

Siniestro anunciado

El pasado 3 de marzo, el Archivo Histórico de Colonia se desplomó como un castillo de naipes arrastrando las casas aledañas. Como el atentado a las Torres Gemelas, es de no creer si no la vemos en imágenes.

La catástrofe es de dimensiones incalculables. Este archivo era (¡era!) uno de los más importantes de Europa. Y su destrucción parece haberse debido a las obras de la nueva línea del metro, que ya hicieron inclinar la torre de una iglesia a sólo una cuadra de distancia del Archivo.

Pero el escándalo es casi mayor que la catástrofe. Ahora resulta que ya en septiembre de 2008 se produjo en el subsuelo del Archivo una “grieta hidráulica”, y en consecuencia hubo filtración de aguas freáticas en el túnel del metro en construcción. Y no sólo eso: además, el 5 de febrero, un control de los puntos de medición topográfica reveló que en las últimas 24 horas el Archivo se había hundido 7mm, con lo cual la fachada estaría 20mm por debajo del nivel medido al comenzar las obras del metro. Y doce días más tarde, a través de dos grietas en el muro de contención se filtraba gran cantidad de agua en la excavación.

Todos estos datos eran conocidos por todos los implicados (incluido el alcalde, quien ya no se presentará a la reelección) al menos desde el 12 de marzo, pero los colonienses nos vinimos a enterar recién el 21 gracias a unos periodistas. Ahora sólo nos queda saber qué excusas van a inventar los responsables para pasarse la papa ardiendo el uno al otro, hasta que el asunto termine olvidándose, disciplina no olímpica en la que Colonia ha conseguido varias medallas de oro. 

Leo en un diario la carta de un lector, ingeniero, quien dice que luego de haber visto el lugar de la catástrofe, nunca más piensa volver a poner sus pies ahí. Así están las cosas en esta ciudad fundada hace más de dos mil años por los romanos, y que sus actuales autoridades parecen haber decidido mutar en un paisaje selenita.

Otro lector alude al nombre romano original (Colonia Claudia Ara Agrippinensium) de este asentamiento urbano, y sugiere: “Quizás haya que rebautizarlo con un nuevo nombre latino: Colonia corrupta ignorantia dementis, ciudad de la corruptela, la ignorancia y la desmemoria”.

Y tiemblo luego al enterarme de que el túnel para el tren de alta velocidad Barcelona–París está siendo excavado siguiendo el modelo del metro de Colonia, por un trayecto que pasa  debajo de la Sagrada Familia. Y para colmo, una amiga me escribe que si deseo volver a ver el Museo del Chicó, me apresure en regresar a Bogotá, donde también quieren construir un metro.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada

Rita y Camille

El tesoro de los quimbayas

Greguerías virtuales

Ejemplares caros de Cien años de soledad

La prima Vera en Praga