Sinrazones de la guerra y razones de la paz

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La asunción de responsabilidad de los excomandantes de las ex-Farc por seis asesinatos, incluidos tres magnicidios, indigna por la crueldad de los hechos, pero igualmente ilusiona, pues muestra que esta paz, imperfecta y en peligro, puede no solo sacarnos de la guerra sino, además, lograr grados significativos de verdad y justicia.

Estos grados de verdad y justicia pueden parecerles insuficientes a algunos y es comprensible. La revelación de estos crímenes tiende a revivir animosidades y generar reclamos de penas severas. Imagino en especial el dolor de las familias de las personas asesinadas y me solidarizo con ellas. Pero en realidad la justicia transicional de esta paz negociada está permitiendo mayor verdad y justicia que antes, por la impunidad y mentira que los conflictos armados generan.

Estos seis asesinatos estaban todos en la impunidad y sabíamos muy poco de ellos. La única condena era por el homicidio de Gómez Hurtado, pero todo indica que fue un error judicial, con lo cual la justicia habría fallado doblemente, al no esclarecer el crimen y condenar a un inocente.

Estos asesinatos muestran las sinrazones de la guerra y su crueldad.

Nunca fui cercano ideológicamente a Álvaro Gómez Hurtado, cuya conducta en la violencia de los años 50 dista de ser ejemplar y merece ser debatida; pero nada, repito, nada justifica su asesinato. Más incomprensible aún es que las Farc lo hubieran matado en el momento en que lo hicieron, cuando Gómez Hurtado había dejado de ser el político belicoso y fundamentalista que atizó los odios bipartidistas, con las consecuencias fatales que conocemos, y se había convertido en un hombre de paz que buscaba un “acuerdo sobre lo fundamental”, como lo mostró en la Asamblea Constituyente. Por eso, como lo reconocieron los propios excomandantes de las Farc, su asesinato muestra la ceguera ideológica y emocional que la guerra provoca, que lleva a cometer y justificar crímenes atroces.

Más incomprensible aún es el asesinato de Chucho Bejarano, un académico agudo y progresista que escribió textos notables sobre resolución de conflictos y las injusticias de la estructura agraria colombiana. Era además una persona de paz, como lo muestra su participación en las negociaciones de Tlaxcala y Caracas de inicios de los años 90. Paradójicamente, tal vez fue por eso que las Farc lo asesinaron. Con su dogmatismo belicoso, quizás la guerrilla no pudo perdonarle a Bejarano que, proviniendo de la izquierda y conociendo las injusticias de este país, hubiera desnudado las sinrazones con las cuales las Farc pretendían justificar, a inicios de los años 90, la perpetuación del conflicto armado.

Comprendo el escepticismo que algunas personas muestran frente a estas revelaciones, pues en el pasado las Farc-Ep (esa guerrilla que tanto dolor ocasionó) mintieron y ocultaron muchas verdades. Pero creo que la asunción de responsabilidades y petición de perdón por los líderes del partido FARC muestran que este movimiento político, nacido de la paz, está haciendo esfuerzos genuinos por honrar su compromiso con la verdad plena. Debemos exigirles que concreten esas verdades ante la JEP y expliquen en detalle esos crímenes, como también debemos exigirlo de los otros contendientes, que igualmente tienen mucho que revelar. Pero así como condeno sin atenuantes, como lo he hecho en el pasado, los crímenes de la guerrilla, valoro el compromiso que estos líderes de la FARC están mostrando con la verdad y la paz.

Esta paz imperfecta está evidenciando que tiene razón frente a las sinrazones de quienes añoran la guerra. Y que es preferible una paz imperfecta, con la verdad y justicia posibles de la justicia transicional, a una guerra perfecta, con impunidad y llena de mentiras.

* Investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

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