Por: Fernando Araújo Vélez
El caminante

Sobras

Nos sobran las palabras humildad, sumisión y perdón, cuando provienen de aquellos que se lucran con ellas y por ellas, y nos sobran sus imposiciones y sus manifiestos. Nos sobran sus palabras y discursos, porque suelen ser mentiras para engañarnos, y nos sobran tantos y tan variados engaños a través de la historia... Nos sobran los textos que los alaban, y nos sobran los cientos de monumentos que los han perpetuado para que sigamos sus ejemplos. Nos sobran los vendidos que repiten la historia, y nos sobran los herederos que se han conformado con una porción de comodidad. Nos sobran los billetes, cuando han sido manchados de sangre, de muerte, y nos sobra la idea de que el dinero es el fin, en lugar de ser un medio.

Nos sobran las reinas, las princesas, los príncipes azules, las aristocracias, los vasallos, los explotadores y los explotados. Nos sobran las decenas de miles de uniformados, que por no tener contra quién combatir, se inventan y se seguirán inventando enemigos invisibles para seguir siendo indispensables, y nos sobran los uniformes, los horarios, las guerras y las armas de quienes son incapaces de hablar y de convencer, y en lugar del diálogo imponen su fuerza, que es decir, las balas. Nos sobran los que trafican con balas, los que trafican con drogas, los que trafican con palabras, los que trafican con el hombre y lo convierten en una diminuta tuerca del inmenso engranaje creado por ellos, y nos sobran los que trafican con dioses.

Nos sobran los genios, los doctos, los inspirados, que nos dicen qué se debe hacer y cómo, y difunden la idea de que son genios y andan inspirados para que los demás creamos que es imposible ser como ellos. Nos sobran los dueños de la verdad, los jurados de concursos,  y todos los premios.  Nos sobran las medallas al heroísmo y el creer que los héroes son aquellos que dan la vida por la patria, y nos sobran todas las patrias. Nos sobran las fronteras, los desfiles, la última moda y las modas. Nos sobran los latifundios, las cercas, los muros, las notarías.  Nos sobran las metas, la productividad y lo perfecto, pues lo perfecto es condenarnos por los siglos de los siglos a tratar de seguir un patrón, y nos sobran todos los patrones.

Nos sobran los testaferros, sus firmas y sus obras, y todas las obras de aquellos que escribieron por conveniencia. Nos sobran el miedo, el actuar por miedo y el vivir de obligaciones determinadas por otros,  y ser empleados por esos otros. Nos sobra ser empleados, que es decir utilizados, y más aún, querer ser empleados (utilizados) del año.  Nos sobra la ingenuidad de votar siempre por los mismos, creyendo que a esos mismos les importan nuestra educación, nuestra salud y la vida.

Nos sobra aprender y vivir al pie de la letra, y nos sobran tantas cosas tal vez porque nosotros mismos estamos de sobra. 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Araújo Vélez

Ahora que la denuncia es la ley

Vivir en harapos por una obra

Abrir el juego

Dime qué música oyes

Del lenguaje de las noticias y otros poderes