Por: Cartas de los lectores

Sobre la carrera Séptima de Bogotá

La peatonalización de la carrera Séptima de Bogotá es una medida nada afortunada y feliz, y sí bastante perjudicial para todos los comercios y locales en general, que expenden multitud de géneros de variada gama y colorido para cubrir necesidades básicas, como de otros que, sin ser muy necesarios, le hacen la vida grata a la gente.

Desde el punto de vista de la comodidad y la tranquilidad, era agradable llegar a la Séptima en carro público o particular para “hacer vueltas y giros” de todo tipo y razón. Salir de un establecimiento comercial y encontrar al paso transporte que en minutos situaba en Chapinero, en las fuentes de Caracol, o en la Avenida Chile; o si se quiere en la Universidad Nacional o en el CAN, brindaba calidad de vida al ciudadano. Todo ello se perdió; toda esa facilidad desapareció.

Ahora qué me dicen de “las vueltas y revueltas” que hay que dar por razón de ese insólito cierre, que acabó de un tajo con la funcionalidad de más de 20 calles, al no poder transitar en vehículo por la Calle Real.

No me explico la razón por qué no han puesto “el grito en el cielo” agremiaciones como la Cámara de Comercio, Fenalco, etcétera, ante tan pésima decisión, que le está poniendo “palos” a la rueda de la normalidad que traía la vía, ya que desde cualquier punto de vista es un ataque frontal a las leyes naturales de la microeconomía.

El Estado no puede en ningún momento convertirse en agente dañino de ningún sector de la economía libre. Las burocracias deben ser más estudiosas y analíticas de las variables de la economía. Este tipo de medida de peatonalizar la importante arteria no se hubiera presentado, ni ocurrido, si las autoridades causantes de tal desorden y caos conocieran todos los esfuerzos y grandezas de los que tienen que hacer cotidianamente gala los empresarios que hoy por hoy llenan los locales de la carrera Séptima de Bogotá.

Los fundamentalismos con el tratamiento al espacio público son perniciosos.

Termino esta “pastoral” con dos sabios refranes que lo dicen todo del caso en comento:
“Estamos como estamos y se ponen a cortar orejas”.
“Bueno es el cilantro, pero no tanto”.


Rogelio Vallejo Obando. Bogotá.

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