Sobre el congreso de la lengua (virtual) española

A través del blog de Papeles Perdidos de El País de España tuve la oportunidad de escuchar los discursos y comentarios, muchos más veces poéticos y otras veces monótonos de viejos y nuevos escritores hispanoamericanos, en el marco del congreso de la lengua que debía celebrarse en Chile, antes del nefasto terremoto.

Sea esta la ocasión para enviar desde mis “llanos en llama” una voz de aliento a una tierra, como la chilena, llena de poetas y, sobre todo, cuna del más grande escritor latinoamericano después de Borges: el inalcanzable Roberto Bolaño.

Aparte de la participación de dos columnistas de El Espectador, como Juan Gabriel Vásquez y Héctor Abad, quiero destacar las intervenciones de tres mexicanos: Monsivais, Poniatowska y José Emilio Pacheco. En el primero la lucida crítica de la “disminución de la lengua” por culpa de los formatos promiscuos televisivos es una advertencia que nos toca a todos. En la segunda, una defensa apasionada de una dulzura en los acentos mexicanos frente al “golpeo” peninsular es una oportunidad.

Hay en esas dos voces, ya legendarias, con un fondo que parece salido de las ondas radiales de los años treinta, una fuerza viva que rescata una forma colorida de nuestro español americano, ya sin ningún tipo de tabúes ni pudores frente a la “Madre-Patria”.

Finalmente, el poeta José Emilio Pacheco nos mostró uno de los cursos inagotables de la literatura y una de sus diferencias radicales con los mass-media: “Sólo podemos escribir de lo que ya no está. Es un intento de preservar algo en medio de todo lo que se va y se destruye todos los días. Pero no hay nostalgia en mis textos: hay memoria. La nostalgia es la disneylización del pasado y yo siempre trato de verlo desde un ángulo crítico”.

Pacheco cerró su diálogo con los lectores-internautas, citando a José Eustacio Rivera, como uno de los clásicos latinoamericanos. Un Rivera que hace casi cien años pasó por estas desoladas tierras donde escribo estas efímeras palabras, cargando a cuestas su poesía y sus vorágines eternas...

Pedro Escudriñez. Granada, Meta.

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