Por: Uriel Ortiz Soto

Sobre el hacinamiento carcelario

Según informes de la Defensoría del Pueblo y demás organismos que tienen que ver con las políticas carcelarias y penitenciarias de país, el hacinamiento carcelario está llegando a límites insostenibles; a muchos establecimientos de reclusión no les cabe un interno más, especialmente, en las cárceles de las principales ciudades del país.

En las ciudades intermedias aunque no con mucha holgura la situación es más llevadera. Pero, existen otras en las cabeceras municipales donde bien valdría la pena reestructurarlas puesto que permanecen con un mínimo de internos generando altos costos administrativos. 

En buena hora el nuevo Ministro del Interior y de Justica, Fabio Valencia Cossio, está empañado en impulsar un revolcón al sistema carcelario a nivel nacional. Para lograr este objetivo, se requiere hacer un estudio muy serio sobre tema tan delicado y mirar las alternativas y variables para que sea una solución definitiva, realmente humana y de cara a los programas de rehabilitación y resocialización. A principios del mes de junio, se realizó un foro sobre el tema, en el cual participaron además del Ministerio del Interior y Justicia; la Procuraduría, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo, el Inpec; y varias ONG, nacionales e internacionales. Algo muy curioso se observó en este foro, y es que el Inpec, desconoció las graves acusaciones que se le hicieron sobre los atropellos que con frecuencia se cometen en el manejo de la población carcelaria.

El sindicato que estuvo presente con varios delegados, entró en defensa de la labor que cumplen sus afiliados en las diferentes cárceles del país. Considero que un sindicato en labor tan delicada, debe tener una reglamentación y un régimen muy especial, pues a través de este organismo se pueden estar infiltrando los malos manejos, la corrupción y el desorden al interior de los centros carcelarios y penitenciarios; no olvidemos que son muchos los crímenes que se cometen desde los centros de reclusión muchas veces con la complicidad del personal de vigilancia.

Hay algo más preocupante todavía sobre el hacinamiento carcelario: Las autoridades piensan que la solución está en construir más cárceles, gravísimo error, aunque puede ser parte de la solución, no lo es todo. La salida debe estar en aplicar políticas carcelarias y penitenciaras, claras y coherentes con la naturaleza misma de cada una de las personas que se encuentran sindicadas o condenadas. No olvidemos que, en las cárceles se está desperdiciando mucho talento humano. Me refiero desde luego a personas que por alguna circunstancia han ido a parar a prisión por un delito que no amerita tenerlos tras las rejas. Los programas micro – empresariales en la mayoría de las cárceles de país adolecen de los más elementales controles de calidad y competitividad, puesto que, el empresario – recluso, siempre tiene que estar sometido a un régimen disciplinario, que no le permite desarrollar su creatividad empresarial con el libre albedrío que para estos programas se requiere.

¿Qué debe hacerse? Con fundamento en la aplicación del modelo: recurso humano, recurso natural y gestión; se podría estructurar, el Plan Padrino de libertad condicional, que conllevaría tres elementos básicos: Interno de menor peligrosidad; con un modelo micro - empresarial aprobado por el Inpec; un pariente, particular o institución, que lo avale, y responda por su desarrollo mientras purga la pena, garantizando el cumplimiento del programa con la presentación de una póliza de seguros de seriedad y cumplimiento. Con los anteriores elementos básicos, se buscaría un camino real hacia la rehabilitación y resocialización, lográndose la descongestión de las cárceles  en un buen porcentaje.

Esta propuesta, tiene mucha relación con la custodia, aprovechamiento y fortalecimiento de los principios y valores, que existen en el individuo, por delincuente que él, sea. No olvidemos que la sociedad y las familias, muchas veces son cómplices de los actores de un delito. Por consiguiente, corresponde a esa misma sociedad y familia, purgar parte de la pena, acogiendo al delincuente activo, brindándole oportunidades y buscando medios de resocialización para que purgue su condena con un aporte laboral - social y lo más importante, sin el repudio, flagelo al que constantemente están sometidos las personas que han egresado de una prisión.

Nuestro país no puede continuar siendo un Estado carcelero. Los programas de rehabilitación y resocialización, que actualmente se practican, no cumplen con los estándares mínimos de solución. Las cárceles, la mayoría de las veces no son más que escuelas del crimen. En ellas no existe la valoración del recurso humano frente a los procesos de desarrollo y cuando algo se logra en este sentido, no existen los elementos de causa y efecto indispensables para sacarlos adelante.

Pensemos que en lugar de construir más cárceles donde el ser humano de por sí se deshumaniza; creemos más bien centros de formación y capacitación empresarial, donde el recluso en proceso de rehabilitación patrocinado por un familiar, amigo, o institución, empiece a formarse empresarialmente y cuando cumpla su condena se reintegre plenamente a la sociedad sin el lastre de ser un resentido social.

Comunidad, Desarrollo y Gestión

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