Por: María Elvira Samper

Sobre héroes y villanos

Si alguna sombra de duda quedaba de que la hoja de ruta de las Farc no cambiaría tras la muerte de Cano, la despejó su sucesor Timochenko, en su primer comunicado como comandante del Estado Mayor, conocido el domingo pasado.

Es la respuesta al llamado del presidente Santos a reflexionar sobre la desmovilización y el desarme, y no la más mínima señal sobre la posibilidad de un cambio.

“Así no es, Santos, así no es”, dice, y descalifica los “métodos notoriamente desproporcionados” con los que su antecesor fue dado de baja y la exhibición pública de las imágenes del cadáver. Aparte de que podría tener razón en sus críticas a la publicación de esas imágenes, difundidas como las de Reyes y Jojoy por razones políticas (para causar efecto y demostrar que, efectivamente, el Estado los dio de baja, para infundir seguridad en la gente y temor en los guerrilleros), su intención es, sobre todo, enviar un mensaje de fortaleza a sus huestes, como si la muerte de Cano no hubiera sido un tiro al corazón de las Farc y éstas no hubieran sufrido en los últimos años los peores golpes y la mayor involución de su historia.

En una exhibición de arrogancia, cinismo y soberbia, con referencias ilustradas y reflexiones sobre el altruismo dignas de mejor causa, Timochenko parece catalogarse y catalogar a quienes lo precedieron en el mando en la categoría de los héroes de la mitología griega, esos seres entre dioses y hombres dotados de virtudes superiores, dispuestos a asumir un destino adverso conocido de antemano. “El pueblo los recordará como lo que fueron, inmortales”, dice, y, aunque no menciona sus nombres, no hay duda de que se refiere a Tirofijo, a Reyes, a Ríos, a Jojoy… Y menciona a Aquiles, ‘el de los pies veloces’, como modelo de grandeza moral, pero omite su debilidad —el talón—, e ignora que hay otros que se les parecen más. Heracles, por ejemplo, cuyas hazañas y acciones transgredieron los preceptos e ideales heroicos, y desencadenaron violencia, asesinatos y tragedias, y quien, corto de seso e incapaz de adaptarse a los cambios, acabó asesinando a sus propios hijos.

Las Farc son más Heracles que Aquiles, pero, alegorías aparte, la conclusión de la lectura del retórico y demagógico comunicado es que las Farc no parecen dispuestas a subirse al tren de la historia. Lo dejaron pasar con Betancur, aunque en gracia de discusión pudieron tener razón no sólo porque ni ellas ni la sociedad civil —menos aun los militares— estaban preparadas para negociar, sino sobre todo porque la toma del Palacio de Justicia por el M-19 le dio un golpe letal al proceso. Y lo dejaron pasar con la Constituyente, que les abrió la posibilidad de participar sin tener que acudir a las urnas siempre y cuando dejaran las armas, y en el proceso del Caguán, que aprovecharon para cometer todo tipo de tropelías y fortalecerse.

Las Farc no han entendido que la negociación es un instrumento de concertación para la construcción de lo político y, entrampadas en lo militar, replegadas, acosadas por las Fuerza Pública y rechazadas por los colombianos, se empeñan en continuar la guerra. Pero las deserciones seguirán y perderán cada vez más terreno y capacidad de maniobra, y se degradarán y bandolerizarán aún más con acciones terroristas y alianzas con las bacrim para el narcotráfico. Timochenko seguirá la ruta trazada por el plan estratégico y aunque es probable que la mayor parte del tiempo ejerza el mando desde Venezuela, donde al parecer se refugia, su margen de maniobra es limitado y corre también el riesgo de terminar como Cano. “Todos vamos a morir”, dice en el comunicado. Tiene razón, pero si persiste en la lucha armada no lo hará como héroe, sino como villano. Otro más.

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2011-11-27T01:00:00-05:00

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