Por: Columnista invitado EE

Sobre la jerarquía de la muerte

Parece que hay mucha polémica sobre el hecho de que Facebook activó el servicio “Safety Check” y habilitó un filtro de la bandera francesa para sus usuarios después de los ataques en París.

PARECE QUE HAY MUCHA POLÉMICA sobre el hecho de que Facebook activó el servicio “Safety Check” y habilitó un filtro de la bandera francesa para sus usuarios después de los ataques en París. Las iniciativas han sido criticadas por varias personas porque, según se dice, tanto la provisión como el uso de los servicios parece afirmar el valor de los muertos en Francia por encima del valor los muertos en otra parte. Hubo, por ejemplo, un ataque por parte de ISIS en Beirut, en el Líbano, el día anterior a los ataques en París, y no hubo tanta reacción. Ni los medios, ni Facebook, ni el público en general se conmovieron. Es como si existiera una “jerarquía de la muerte”, dicen los críticos, como si fuera un fenómeno poco razonable y, por ende, condenable.

Se me hace, sí, triste que valoremos algunos sobre otros, pero, por otro lado, ¿no es normal? Por ejemplo, me pregunto: ¿cuántas personas mueren en accidentes de tránsito todos los días? Muchos, sin duda. Sus muertes son un hecho lamentable; ojalá que se pudieran evitar, pero debo admitirlo, no me debilitan. No me hacen colapsar. No lloro.

Pero, que Dios no lo quiera, si uno de mis seres queridos muriera en un accidente de tránsito, pues… ni siquiera me permito terminar el pensamiento. Y si un amado de un conocido muriera en accidente de tránsito, me afectaría más que la muerte de una persona completamente desconocida, pero menos que una persona “mía”.

En fin, nadie me condenaría por no llorar, por no tomar a pecho la muerte de un desconocido. Al contrario, la sociedad me concede unos días de recuperación en caso de una muerte familiar.

Al comparar las reacciones a los ataques en París y en Beirut deberíamos apreciar que se trata de la misma lógica. París es (un) familiar. La gente sueña con París —vacaciones, luna de miel, estudios, la moda, la cocina, la revolución moderna— y Francia: la nación moderna ejemplar.

París y Francia son componentes fijos de la cultura popular y moderna; son nodos principales, desde hace más de un siglo, en el mapa simbólico universal, que ancla un imaginario casi global sobre cómo podría ser la vida. Beirut, de hecho, antes de la Guerra Civil Libanesa (1975-1990), fue conocida como la París del Medio Oriente, por su diversidad y cosmopolitismo. Pero durante varias décadas ya la ciudad se encuentra simbólicamente figurada como un lugar ajeno, aparte, extraño, no (un) familiar. O, como un desconocido, simplemente no es una parte del mapa simbólico de la mayoría de gente.

En términos metafísicos, las muertes valen igual. En términos simbólicos, no. Colombia, por supuesto, no es ajeno al problema de la jerarquía de la muerte. Me imagino que todos se acuerdan de la polémica que se desató aquí hace unos años (principios de 2011) cuando la revista Semana y otros medios llamaron la atención sobre el asesinato de dos universitarios, Margarita Gómez y Mateo Matamala, y dieron la impresión, a través de su cubertura extensiva, de que estas muertes fueron mucho más importantes y dolorosas que todas las demás.

Si queremos explicar este fenómeno, esta jerarquía de la muerte, entendamos que todo depende de lo que el antropólogo Clifford Geertz llamaba los procesos de formulación simbólica, de la significación. El lenguaje, los discursos, los reportajes, no representan al mundo. Más bien, lo formulan. Lo constituyen. Lo hacen hablar, lo hacen significar. Esto es difícil de asimilar, pero la intensidad de una relación no es nada metafísica, nada natural. Más bien, es el resultado de la efectividad de los discursos sobre, por ejemplo, el amor natural entre mamá e hijo, o entre hermanos, o entre connacionales, o entre personas de lugares geográficamente lejanos, que resultan, debido a la significación, simbólicamente cercanos. A fin de cuentas, aunque suene tautológico, tal como mis familiares significan más para mí porque significan más para mí (porque han sido hechos más significantes por la significación), París significa más para la gente, porque París significa más para la gente (ha sido hecha más significante).

 

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2015-11-20T15:45:49-05:00

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