Sobre la Corte

Con motivo de la determinación de la Corte de compulsar copia de la condena de Yidis Medina a la Constitucional, Procuraduría y Comisión de Acusaciones, los colombianos hemos sido testigos de las más variadas reacciones tanto del Presidente, como de políticos, analistas, periodistas y como en mi caso, gente del común.

Entrevistados varios analistas por un canal de televisión privada, me causó sorpresa y desazón el doctor Alfredo Rangel, quien no contestó como analista político (muy bueno en ese oficio), sino como hincha del presidente Uribe.

El doctor Rangel avaló con su intervención el exabrupto legal del doctor Uribe, cuando propone que el pueblo, por medio de un referendo, confirme su legalidad como Presidente de los colombianos, lo cual no está en discusión. Lo que busca la Honorable Corte no es un recuento de votos, es revisar que la norma constitucional que se aprobó y con la cual el doctor Uribe mereció las preferencias de los colombianos fue legal.

Qué sano sería para la “Seguridad Democrática” que se respetaran las diferentes ramas del poder y que una determinación judicial no se tratara de bloquear con una jugada o movimiento político.

 Óscar Reinaldo Muñoz Díaz.  Bogotá.

¿Recesión o desaceleración?

Disfruto mucho de la sección ‘Negocios’ que ustedes tienen en su periódico. En general, contiene una buena información de actualidad y una serie de artículos que, por su dinamismo y variedad, van más allá de lo que usualmente se plantea en las secciones de los otros periódicos encargadas del cubrimiento de la economía. Sin embargo, algunas ambigüedades en sus títulos pueden conducir a equívocos. Sostienen, por ejemplo, en plena portada del periódico, el día sábado, que el PIB “cayó”. De ser así, la economía colombiana estaría enfrentando una recesión; sin embargo, lo que realmente cayó fue el crecimiento del PIB, que en esencia corresponde a una desaceleración que no implica que la economía haya dejado de crecer. 

 Leopoldo Ortiz.  Bogotá.

Hacienda Nápoles

El cacareado megaproyecto turístico que le ofrecen al espontáneo turista en la Hacienda Nápoles, no sólo dejó sin tierra a los despalzados, como parecen sugerirlo en su edición del domingo los redactores del área de investigación, sino que tampoco logró su propósito: muy poca diversión encuentra quien lo visita, bajo un sol canicular, en la exhibición de un par de tigrillos famélicos y una serie de ruinas y escombros que nada tienen de particular.     

 Federico Calderón.  Medellín.

 

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