Por: Columnista invitado

Sobre la curaduría

Recientemente, en una presentación sobre los diferentes componentes de la feria ArtBo, uno de los asistentes preguntó por qué, si el arte es un ejercicio libre, había un tema para escoger a los artistas en los llamados proyectos individuales.

 En el fondo de la pregunta parecía haber una incomodidad con el trabajo del curador, pues si se asume —correctamente— que el arte es una expresión personal y autónoma, los artistas deben poder producir su obra sin interferencia alguna. Si los artistas producen el arte, ¿qué hace un curador?

Para situarse en esta discusión, es importante dejar claro que el curador está al servicio de los artistas y no al revés. Pueden existir artistas sin curadores; lo contrario es imposible. La profesión de curador ha logrado consolidarse como una práctica común en el medio artístico en los últimos años, aunque aún provoca muchos malentendidos. Ejercer la curaduría consiste en seleccionar artistas y obras para que entren en un diálogo productivo en el espacio de exposición. Curar es crear un nuevo texto a partir de la confrontación y conversación de varias obras en el espacio. La curaduría es el marco conceptual que le da sentido a esta reunión de obras. Y, como un marco, sirve para definir lo que queda dentro y lo que queda fuera. Una de las formas de seleccionar es establecer que el marco con el que se mira corresponde a un tema determinado. Muchas propuestas curatoriales han llegado a producir resultados memorables: cabe recordar exposiciones como Cuando las actitudes devienen forma, concebida en 1969 por el suizo Harald Szeemann, o Los inmateriales (1985), curada por el filósofo Jean-François Lyotard. La obra de arte individual funciona bien por sí misma: pero cuando entra en fricción con otras se potencia su significado, y funciona de maneras inesperadas.

En el contexto de una feria, los proyectos individuales plantean un reto interesante para quien selecciona: si por curaduría se entiende el despliegue de un discurso mediante la yuxtaposición de diferentes obras, ¿qué tipo de diálogo se establece cuando los artistas están en espacios separados? Para la curaduría de los proyectos individuales de ArtBo 2013, titulada Laboratorium, escogí artistas cuyo trabajo invoca el discurso científico, parodiando sus métodos o su forma, o aplicando sus principios. Algunos artistas asumen el rol del antropólogo, el botánico o el zoólogo; otros, el del ilustrador científico. Si bien muchas de estas investigaciones se basan en datos o métodos científicos desplazados hacia un fin estético, algunos de ellos desarrollan sus propios sistemas, en ocasiones absurdos o profundamente personales. La intención de los proyectos individuales de ArtBo es producir en el espectador la misma fascinación, extrañeza o sorpresa que se tiene al visitar un laboratorio o ser testigo de un experimento, o al constatar que las supuestamente inamovibles leyes que rigen la naturaleza tienen un espacio de excepción en el arte.

 

 

José Roca*

 

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