Por: Hernán González Rodríguez

Sobre la Depresión de 1930

Leyendo algunos artículos publicados sobre la Gran Depresión de 1930, no resultan claras las explicaciones ni sobre las causas de tal Depresión, ni sobre las soluciones adoptadas. De algunas publicaciones europeas he extractado lo siguiente.

Un autorizado economista mencionaba que la recuperación, después de que Franklin Delano Roosevelt asumió la presidencia en 1933, se aceleró en forma increíble. Sostiene éste que el producto interno bruto les creció durante cuatro años al 4 por ciento por año. Que el desempleo que marchaba en el 25 por ciento descendió al 14 por ciento. Que estas espectaculares cifras tan sólo fueron superadas en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, como analizaremos más adelante.

Sin embargo, anota nuestro analista, que entre 1937 y 1938 se les disparó de nuevo el desempleo hasta el elevado 19 por ciento. La causa de esta recaída la considera él infortunada e inadvertida. Sostiene que a Roosevelt se le antojó aumentar los impuestos y reducir los gastos oficiales para reducir el déficit fiscal, lo cual logró, pues sí lo redujo al exiguo 2.5 por ciento de su producto interno bruto. Pero estas medidas contraccionistas le resultaron ser fatales y le precipitaron su economía de nuevo en otra recesión.

Economistas como Krugman, premio Nobel de Economía, sostiene que el presidente anterior a Roosevelt, Herbert Hoover, por tratar de reducir el déficit fiscal, de igualar los ingresos y los gastos, precipitó la Gran Depresión, motivo por el cual no debemos hoy repetir lo mismo. En los primeros tres años de Roosevelt gastó su gobierno muchísimo dinero para mejorar la economía y ésta le respondió en forma favorable, de acuerdo con la receta de Keynes.

No sobra reconocer que Calvin Coolidge era el presidente en 1929. Hoover lo fue entre 1930 y 1933. Roosevelt gobernó hasta su fallecimiento después de la Segunda Guerra Mundial y después de tres reelecciones consecutivas. Algunos historiadores sostienen que Roosevelt ganó la Segunda Guerra en el campo de batalla y que la perdió en Yalta, en la mesa de negociaciones, frente al astuto Stalin. Roosevelt estaba enfermísimo, llegó diezmado a la mesa de negociaciones. Por esto, desde entonces, prohibieron los estadounidenses más de dos reelecciones y les exigieron exámenes médicos anualmente a sus presidentes.

Los keynesianos y Krugman inculpan a Hoover por restringir los gastos. Falso. Entre 1931 y 1932 los incrementó él en elevadísimo 31 por ciento y esto lo ejecutó a pesar de que, entre tanto, los impuestos se le desplomaron en un 39 por ciento.

Más aún, el déficit fiscal promedio del mandato de  Hoover fue del 4.5 por ciento y el de Roosevelt 5.1 por ciento del PIB, más o menos lo mismo. Debido a esta similitud, sostienen algunos economistas europeos que carece de lógica explicar el desastre de Hoover frente a la impresionante recuperación de Roosevelt, por intermedio exclusivamente de los gastos oficiales. Nos recuerdan éstos que en 1945 el déficit del Tío Sam marchaba por el 21 por ciento de su PIB, y que ya en 1946 les cayó su tasa de desempleo al sin par 4 por ciento. El déficit para este 2009 en los Estados Unidos se prevé por los lados del 12 por ciento. Es que los europeos le atribuyen gran importancia al aporte del optimismo generado por el New Deal de Roosvelt y por el final de la Segunda Guerra Mundial, no tan sólo a la inyección de dinero.

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