Por: Cartas de los lectores

Sobre la fe y los abusos de la Corte Suprema

¿Es eso fe?

Para el doctor José Fernando Isaza, “fe es creer en algo que contradice el sentido común y la información que procesa el cerebro”. Así abre su interesante columna del jueves en El Espectador. Sin embargo, la fe que profesamos más de mil millones de personas en la actualidad poco tiene que ver con esa especie de definición que nos ofrece el columnista.

La fe cristiana, que es a la que me quiero referir, se basa en acontecimientos históricos fidedignos, que podrán ser admitidos o no, pero que no contradicen en absoluto el sentido común, como no lo hace la creencia en Napoleón como personaje histórico, sin que nadie lo haya conocido personalmente de los que admitimos su existencia y su destacado papel en la Europa de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Tan personaje histórico como Napoleón Bonaparte es Jesucristo, en quien tiene su fundamento la fe cristiana. Podrá ser admitido o no como Dios, pero en cuanto hombre, su figura, su obra y su mensaje son perfectamente comprobables por la crítica histórica más rigurosa, tal como lo reconoce, entre otros muchos, el teólogo alemán Rudolf Bultmann, creador de la Formgeschichte.

Lo que es objeto de fe es su condición de Dios, que puede ser aceptada o no, pero que no contradice el sentido común. “La fe –según el teólogo suizo Hans Küng– es más bien una confianza razonable”.

Francisco Tostón de la Calle.

La crisis de la justicia y la responsabilidad de los periodistas

Nadie puede estar en desacuerdo con la justa preocupación expresada por ustedes y sus colegas en los medios escritos y hablados, frente a una decisión de la Corte Suprema de Justicia que lesionaría gravemente libertades propias de su oficio y consagradas constitucional y legalmente.

Pero no veo motivos de extrañeza: la corrupción e incompetencia de esa corte, en particular, y del poder judicial, en general, no son novedades para la opinión pública ni para ustedes los responsables de los medios, para quienes las múltiples decisiones judiciales, a todas luces amañadas y contraevidentes, con las que hace años viene operando el sistema con claro sesgo político, no han merecido la menor preocupación ni el más elemental análisis.

Mírense a ustedes mismos y sean valientes para reconocer que de la crisis en la justicia, que ya los afecta, son también culpables con el silencio exhibido por años, en procura de simples intereses políticos.

Jorge Hernán Abad.

 

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