Dos cartas de los lectores

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El nuevo cliché: ¿qué has hecho de nuevo?

El errado concepto que impuso el resguardo causado por el coronavirus ha desencadenado un latente compromiso de hacer y producir, sin límite alguno, porque se han convertido en lemas el “hay que aprovechar el tiempo” y el “¿qué has hecho de nuevo?”.

Hacer un buen uso del tiempo no es una idea semejante a producir; la pregunta es: ¿por qué nos han hecho pensar lo contrario? Este planteamiento ha producido que cada uno se obligue a poner en práctica el bombardeo de actividades productivas a las cuales hemos sido sometidos, ocasionando así que el tiempo que suponía convertirse en propio y para el aprovechamiento de las ocupaciones que se deseaban cumplir se tergiversó en un hacer por hacer, para vanagloriarse de haber aprovechado el día.

La hiperproductividad se convirtió en aquella plaga que se propaga con mayor velocidad que el COVID-19, causando que los límites de un horario laboral o escolar se esfumen, haciendo que las jornadas se extiendan sin medirlo y que estas tareas sean la base de nuestro día a día, duplicando el tiempo que debería ser invertido en ellas. Las personas han construido un concepto de colmar su tiempo sin medida con actividades insulsas y carentes de sentido (como con las rutinas, recetas o tutoriales que circulan por las redes), por el simple hecho de que la oportunidad de tener tiempo, en un mundo en el que convivimos comercializándolo, es un privilegio que se debe aprovechar ocupándolo… Eso aseveran y de eso nos han convencido.

El tiempo bien invertido no puede ser determinado por alguien más que por quien lo usa. Construirse como individuo no corresponde a un tema de producir y más producir; es un asunto mayor, que radica en la inteligencia de formarse a partir de lo necesario que delimita el implicado. Qué desdicha caer en las garras de la información perdida y no aprendida por el exceso de esta.

Valeria Uribe Rengifo.

La cobardía de los valientes

Es sorprendente ver cómo los valientes en la guerra tiemblan cuando les toca enfrentar a un juez desde la silla de los acusados. La culpa que se arrastra desde la conciencia es el monstruo que desvela y azota todos los días con sus noches a quienes algún día de guerra fueron llamados valientes.

M. Cristina Quiroga. Cali.

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