Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Sobre la labor policial contemporánea. Reflexiones

Para la implementación de los acuerdos y las prácticas de la convivencia, el papel de nuestra Policía es legítimo y estratégico. Apoyémoslo.

Debido a mi trabajo académico, he sido invitado, especialmente en los últimos años, a eventos organizados por una dependencia fundamental de la Policía Nacional que es la Escuela de Posgrados. Pues bien, con la siguiente columna deseo exponer algunas reflexiones vinculadas a la labor de la Policía Nacional como institución básica para la organización de la convivencia en nuestra democracia.

Según mi inacabada percepción, la democracia en nuestro país sigue con dificultades por las prácticas politiqueras y corruptas de pseudolíderes astutos, populistas y caudillistas, buscadores de poder y muy hábiles en su enriquecimiento exponencial —personal y familiar—. Así mismo, encontramos combinaciones entre organizaciones ilícitas y grupos políticos que siguen siendo, prioritariamente, empresas electorales.

Frente a ello, tenemos que estar muy atentos para impedir que fuerzas reaccionarias, retardatarias, dogmáticas, fanáticas y a veces ilegítimas perturben el destino democrático de nuestro país y de su Policía. Esta institución debe seguirse caracterizando por su autonomía, legitimidad y eticidad, sin prestarse a alianzas con agentes solo buscadores de poder que han hecho grandes daños a Colombia en distintos momentos de los últimos cinco decenios. Presentemos las reflexiones.

i. La labor de la Policía Nacional en la consolidación de la democracia colombiana. Notemos que nuestra Policía Nacional ha hecho presencia institucional en los enfrentamientos que ha llevado a cabo el Estado frente a los grupos a los que hice mención, y a todas las formas delincuenciales que se han desarrollado en nuestra nación. Conocemos que en el ejercicio de su misión, tuvimos algunas dificultades, indelicadezas e inconsistencias; mas quien realice un estudio serio, va a encontrar la magnífica labor desempeñada por la institución policial al servicio de la consolidación de la democracia colombiana.

ii. El papel significante de la Policía Nacional en el pos-Acuerdo. Observemos que el papel de la Policía Nacional de Colombia ha sido, es y será significante en el pos-Acuerdo, de manera análoga a la labor fundamental que ha desempeñado en el desarrollo de los preceptos constitucionales, en el intervalo 1948-2018, para referirme solo al período de nuestras últimas violencias. No olvidemos: su labor ha sido real, pertinente y compleja, según las especificidades de la evolución de nuestra democracia.

iii. La presencia de la Policía Nacional para consolidar la institucionalidad en el territorio. Sabemos que por falta de previsión en la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas, por decenios, ha habido un abandono significativo de zonas de nuestro país. Desde los años 80 del siglo XX, Rodrigo Escobar Navia y posteriormente Luis Carlos Galán sostuvieron que “tenemos más territorio que Estado”.

Ahora, sabemos que por falta de presencia institucional diversos territorios colombianos fueron apropiados ilegítimamente por fuerzas subversivas tales como las guerrillas, el paramilitarismo, el narcotráfico, las bacrim, la minería ilegal y sus diversas y funestas combinaciones. Por tanto, nuestras fuerzas policiales, en coordinación con las nuevas directrices trazadas por el Ejército Nacional en la Doctrina Damasco, se están preparando con una educación que enfrente positivamente los retos territoriales “en alineación con las necesidades de convivencia de las comunidades y autoridades del orden nacional, regional, departamental y local”. Se trata de consolidar la institucionalidad en el territorio, para crear una nueva cultura política de respeto a los derechos humanos.

iv. Cristalizar el fortalecimiento del sistema educativo policial. Deseo reiterar que un gran reto es cristalizar el fortalecimiento del sistema educativo policial y los respectivos procesos de investigación que lo deben permear, para el abordaje apropiado del papel de la Policía en la situación actual del país. Sabemos que el valor más importante del mundo contemporáneo es el conocimiento. Destacados dirigentes policiales han contribuido eficazmente para mejorar paulatinamente el sistema de formación policial en distintas instancias.

Del estudio de expertos —en paz y solución de conflictos— podemos inferir que las guerras se ganan con inteligencia, con cualificada formación, acompañada de ciencia y tecnología contemporáneas, aplicadas a la solución de conflictos. Ahora en Colombia, se trata de que la Policía, bien formada con los nuevos recursos científicos y tecnológicos y con prácticas éticas, siga siendo básica para ayudar a construir la paz en los próximos decenios.

Cuán útil conocer y apoyar el fortalecimiento del Centro Internacional de Ciencia de Policía. Esta dependencia cumplirá un papel estratégico para el fortalecimiento científico y técnico de la Policía Nacional y facilitará el crecimiento de su prestigio internacional.

v. Es conveniente actualizar los currículos de las escuelas de formación de nuestra Policía. Complementariamente, me inclino a pensar que es oportuno revisar los currículos para actualizarlos debidamente al momento contemporáneo del mundo, de la América Latina y de nuestro gran país.

Se me presenta conveniente replantear el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lectura y la escritura, a lo largo de la totalidad del sistema educativo policial. Ahí tenemos una falla estructural en la formación y es el momento oportuno para entrar a solucionarla. Es recomendable, así mismo, revisar los estudios en torno a: territorio, desarrollo humano, fronteras, lo rural y lo urbano.

Adicionalmente, si pensamos específicamente en el papel de la Escuela de Posgrados, recordemos que ella: “Asume el desafío de brindar una formación moderna que sitúe al oficial de policía en concordancia con la demanda y el desarrollo de capacidades que requerirá el país de cara a la transición del conflicto a la solución de la paz en nuestros territorios”.

vi. El sistema educativo policial y el desarrollo humano. Tengamos en cuenta que la Espol está empeñada en: “Brindar una educación policial centrada en el desarrollo humano (ser), en el conocimiento cualificado de las realidades (saber), y con una alta vocación por la transformación de entornos con sentido estratégico conservando un equilibrio entre lo urbano y lo rural (hacer)”.

vii. La necesidad de fortalecer la Escuela de Posgrados (especializaciones, maestrías, doctorado). Conscientes del papel estratégico que la Espol desempeña, es necesario fortalecerla con maestrías adicionales para el abordaje apropiado de los nuevos temas y sus procesos de investigación respectivos. Así mismo, es indispensable tener la infraestructura apropiada para el montaje del doctorado sobre los temas de la más alta investigación que son propios del quehacer policial.

viii. Es conveniente organizar la carrera profesoral en nuestras escuelas. Complementariamente, hay que crear la conciencia frente a los formuladores de políticas públicas educativas de que el cuerpo profesoral de la Espol y de cada una de las escuelas policiales debe ser seleccionado mediante concursos de méritos y remunerados, de tal manera, que les permita vivir con dignidad, según las circunstancias del momento político actual.

ix. Implementar la reforma mental para la construcción de la paz. Coherentemente con la complejidad que implica en Colombia la construcción de la paz, es necesario que desde la Policía, organicemos adecuadamente, como lo han propuesto, por ejemplo, Humberto de la Calle y el coronel Luis Ernesto García, una reforma mental en relación con el proceso. Ello implica importantes dosis de tolerancia y prepararnos para enfrentar la anomia y la atonía, es decir, las conductas desviadas y la falta de cohesión social en amplios sectores de la población. Parte sustantiva de esta reforma mental implica institucionalizar la práctica de los derechos humanos al interior de la institución, acompañada de formación teórica a lo largo de todo el proceso formativo.

x. El enfrentamiento de las conductas delincuenciales y las actitudes creativas de paz. Conocemos que la violencia engendra más violencia; entonces: debemos seguir fortaleciendo la institución de un lado, para enfrentar las conductas delincuenciales en todas sus gamas; pero de otro, para contribuir al desarrollo del proceso con actitudes y acciones creativas de paz.

xi. Es pertinente impulsar cambios pedagógicos en torno a verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Si pensamos sobre la pedagogía de paz, que debe transmitirse en todos los estamentos policiales, ellos deben estar muy bien formados en torno a lo que implica verdad, justicia, reparación y no repetición, y ser un ejemplo para los ciudadanos.

xii. La eticidad debe ser un valor transversal en el proceso de formación de nuestras escuelas. No sobra enfatizar que en el presente y el futuro de nuestra Policía, la eticidad debe ser un valor transversal en la formación y el quehacer policial. Hemos tenido algunas dificultades en el ejercicio de sus funciones, pero estando cuidadosamente vigilantes de la misión y la visión, se avizoran prácticas correctivas que conduzcan a una institucionalización de la ética organizacional.

xiii. Es recomendable estratégicamente fortalecer las capacidades para el trabajo interinstitucional y colaborar coordinadamente con las Fuerzas Armadas para enfrentar el sistema de amenazas persistentes: actuales disidencias, el Eln, el narcotráfico, las bandas delincuenciales y la minería ilegal.

xiv. La Policía Nacional y su papel en el desarrollo humanitario. Es pertinente estudiar la cooperación con la Primera Brigada y las organizaciones civiles de desminado humanitario y hacer parte del equipo que, con alta tecnología, efectúa el desminado con estándares internacionales.

xv. Ser un servidor público policial es un honor. Creo que una vía para afianzar la legitimidad es seguir laborando al más alto nivel, como un camino apropiado para realizarnos como servidores públicos. Conocemos que ser policía es un honor y él nos debe acompañar desde cadetes hasta generales, desde estudiantes para suboficiales hasta su más alto rango. La ciudadanía espera que, gracias al comportamiento policial, se hagan acreedores a su confianza. Ser un servidor público policial es una vocación que debe permitir la realización personal y profesional.

Finalmente, ejercer la vocación con calidad es tener sentido de la historia, saber que en el ejercicio de la convivencia estamos trabajando con personas y administrando bienes públicos. Me inclino a pensar que al servir con calidad estamos acrecentando la legitimidad y el prestigio de nuestra institución. Una vocación así ejercida traerá beneficios personales e institucionales. Ser líder en este proceso es tener la visión, la misión, los objetivos y la filosofía incorporados a nuestro quehacer administrativo y profesional. Al fortalecer nuestra Policía, sus prácticas administrativas transparentes, su sistema educativo y su vocación policial con calidad… se va a ampliar la confianza en la eficiencia y eficacia del Estado y en su legitimidad.

[email protected]

* Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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