En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 17 mins
Por: Mario Morales
El país de las maravillas

Sobre mármol

Ahora resulta que, en la repartición de culpas en las campañas políticas que pierden en estudios de opinión pública, la culpa la tienen las encuestas. Lo mismo se decía de los debates televisivos hace un tiempo, la publicidad legítima y la subliminal hace otro tanto, o el equilibrio informativo mediático casi siempre.

No pasan de ser justificaciones a la ineficiencia, malas decisiones o física ignorancia acerca del comportamiento ciudadano.

Sin ignorar que no todo en las encuestadoras es desinteresado y que urge una regulación que aporte más transparencia en los orígenes y la financiación de las mismas, así como en metodologías, datos e interpretaciones, creer que un muestreo estadístico cambia las emociones, simpatías y convicciones políticas de un grupo poblacional es, por lo menos, ingenuo.

Ya sea por influencia familiar, entorno cercano de los años primeros, de filiaciones que se construyen o implicación directa, los estudios de —por ejemplo— la psicagogía política demuestran que nueve de cada diez ciudadanos tienen claro qué hacer frente a una elección, incluyendo abstención, voto en blanco o total indiferencia.

El resto de factores, comunicación política, propaganda, publicidad, maquillaje del candidato, adhesiones, debates, encuestas, programas e issues de campaña inciden sólo en dos aspectos: seducir a ese restante ciudadano indeciso —franja de opinión— y propiciar que adeptos a un mismo sentir político dejen la inactividad y salgan a votar por alguien o en contra de alguien —voto útil—, en lo cual inciden odios, exacerbaciones, prejuicios, mitos, mentiras y engaños, como sabemos de sobra.

Es, en últimas, emoción pura, de cómo se reconocen los ciudadanos en la personalidad de un candidato y confianza ciega. Eso no lo cambia nadie y se radicaliza con la edad.

www.mariomorales.info y @marioemorales

 

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